julio 02, 1988

Discurso de cierre de campaña

Manuel J. Clouthier
Zócalo de la Ciudad de México
julio 2, 1988

Un viento poderoso y fresco, recorre hoy el ámbito entero de la patria: es el impulso del pueblo hacia la democracia.

Democracia como camino hacia la justicia. Autoritarismo como agravamiento de la desigualdad.

Se trata en realidad de concepciones de fondo sobre el Hombre, el Poder y la Sociedad.

La mayoría de los mexicanos queremos construir una sociedad democrática y participativa; más justa, más libre, más humana; digna y próspera; donde todos convivamos en paz; donde trabajemos hacia el futuro, con realismo y esperanza.

México se enfrenta a un dilema vital: Democracia o Autoritarismo.

La nación está de pié. Y aún antes de las elecciones México ha cambiado ya.

La demanda de legitimidad democrática está en el corazón mismo del cambio.

Ni el sistema político, ni la Presidencia, ni el estilo autoritario de gobernar, ni el país, serán ya tos mismos.

Quienes hablan de política "moderna" jamás podrán entender, ni menos experimentar con gozo y esperanza, como ha sido mi privilegio vivirlo en esta Campaña, que la modernización del país no es posible sin la auténtica democratización de la política y de la sociedad.

Sucede que, a la vuelta de cinco décadas, no obstante la represión, el proyecto modernizador iniciado por Gómez Morín. Pero sobre todo, la firme búsqueda del pueblo mexicano por su propia liberación democrática, están dando frutos.

Esta historia irreversible del pueblo toca hoy con fuerza a las puertas de) cambio y del futuro.

Por supuesto, sería infantil pretender que el vasto cambio que México vive y que el pueblo está llevando a cabo, se debe única o principalmente al PAN.

El Partido siempre se ha reconocido como un instrumento en manos del pueblo. Nada más. Pero tampoco nada menos.

Somos una parte; precisamente por esto nos llamamos partido. Somos un elemento más en el México de hoy.

Los acontecimientos políticos nos hablan de que un México nuevo y grande está ya con nosotros.

Con pacífica energía, el pueblo no permitirá que se lo arrebaten, ya no dejará más que se lo destruyan.

Reitro: la alternativa de fondo que tos mexicanos confrontamos en estos días, y para el tiempo por venir, es clara: Democracia o Autoritarismo.

Hagamos una comparación entre la opción del Autoritarismo, que es más de lo mismo, y la de la Democracia, que es la que el pueblo exige.

Analicemos entonces lo que es razonable esperar de la Democracia y lo que fatalmente se repetiría con el Autoritarismo.

El Autoritarismo está ayuno de una propuesta políticamente respetable.

En el fondo, no tiene más programa que la conservación de los privilegios y del poder con el pretexto de que el pueblo no está "preparado" para opinar y decidir su futuro.

La propuesta democrática parte de supuestos diferentes:

- Afirma que el pueblo no es inferior al poderoso.
- Proclama que cada ser humano es digno de respeto.
- Sostiene que todos los seres humanos somos sustancialmente iguales.
- Reconoce que cada uno de nosotros es y puede ser sujeto consciente, y no objeto inerte de la historia.
- Subraya que cada uno de nosotros tiene una dignidad eminente e inviolable, una biografía y un destino irrepetibles y únicos.
- Enfatiza que todos tenemos capacidades y potencialidades para decidir con libertad responsable, para conocer la realidad que nos rodea, para ligarnos por el afecto, para sentir ofensa por la injusticia.

Vivimos en sociedad precisamente para poder realizar esas capacidades, para poder ser más humanos.

Esta dimensión social de lo que somos, nos obliga a colaborar con los demás, para que entre todos seamos capaces de construir las condiciones políticas, culturales, económicas, educativas, sociales, que permitan y favorezcan el progreso de todos y la humanización de la vida social.

La Democracia se necesita para que las decisiones no se impongan desde arriba sin consulta, sino que nazcan desde abajo, desde la enorme energía creadora de todos los mexicanos.

La propuesta de Acción Nacional, la propuesta democrática, tiene esa concepción de todas las personas humanas.

Durante mi Campaña, he presentado programas concretos cuya aplicación desde el gobierno estará dirigida al cambio político y social en nuestras estructuras; a la búsqueda decidida de la justicia; a apoyar por todos los medios el desarrollo pleno de las personas y de la sociedad.

Señalamos, pues, tanto la dimensión individual, como la dimensión social de los seres humanos.

Por eso nos distinguimos con igual firmeza de los extremos destructivos y frustrantes del individualismo y del colectivismo.

La enfermedad del autoritarismo no considera que los hombres seamos esencialmente iguales.

Cree que solo una minoría iluminada, ilustrada, sabe lo que le conviene al pueblo, y puede paternalmente darle la felicidad.

La Democracia afirma la igualdad esencial de todos nosotros, defiende a rajatabla que hay un momento que ha costado enorme sacrificio y esfuerzo conquistar, en el que todos los ciudadanos tienen el mismo peso político y el mismo derecho de influir en las decisiones de la comunidad nacional: es el momento del voto, es el instante de la opción libre entre alternativas de futuro.

El autoritarismo no reconoce esto en la práctica. Y por ello en México se puede hablar con toda naturalidad del "fraude electoral patriótico", como se ha hecho en el actual sexenio.

La pasión del Autoritarismo considera el poder como una especie de patrimonio personal o de facción.

Piensa que se puede ejercer sin intervención del pueblo, sino por una herencia histórica, o por pertenencia a una clase o a un grupo o a una raza, llámese familia revolucionaria, o como se quiera.

Los demócratas sabemos que se hace camino al andar; y nos formamos en las difíciles reglas de la competencia abierta a la luz del día, de cara a los electores.

Precisamente por esto, tuve que competir en forma abierta y pública, ante los miembros de mi partido, con distinguidos compañeros de lucha, para ser electo por una convención de hombres y mujeres libres, y por eso estoy luchando por la Presidencia con todas las cartas sobre la mesa.

Esto es normal en un partido democrático, el único en México que así se ha ejercitado toda su vida.

Esto es garantía para el pueblo de que así lo practicaremos y fomentaremos desde el gobierno. Porque actuamos como pensamos.

El Sistema Autoritario cree tener derecho para utilizar el poder de manera paternalista, como quien magnánimamente concede favores que se piden, y no como quien reconoce de hechos que se demandan.

Así estructura el poder: de arriba a abajo.

De paso, he de llamar la atención sobre el neopriísmo que hoy se ha desprendido del partido oficial.

Jamás tuvo otra escuela, ni otra práctica política que la del Autoritarismo. Nunca ha ejercitado las normas de la Democracia.

Esto es un dato que el pueblo debe tomar en cuenta en sus decisiones.

En el dolor y la esperanza de México, vivamente experimentados en el curso de la Campaña, uno aprende a enamorarse de esta gran nación nuestra.

Por esa misma experiencia, una vez más difiero de los autoritarios que se atreven a despreciar a este gran pueblo y a juzgarlo como impreparado para gobernarse a sí mismo.

Junto con la confianza en el hombre y en el pueblo, las personas de convicción democrática tenemos siempre una sana desconfianza en el poderoso, y decidimos limitarle el poder.

El demócrata que accede o quiere llegar a ejercer el poder, de inmediato tiende a autolimitarse. Por eso he propuesto que la oposición y la barra de abogados presenten a quien deba ser Procurador de Justicia en un gobierno encabezado por Acción Nacional.

El desprecio y la desconfianza por parte del Sistema Autoritario con respecto al pueblo, lo llevan a buscar sus apoyos fuera del país.

La fuente de legitimidad política que puede conseguirse en la comunidad internacional, resulta de capital importancia al Autoritarismo de minoría nacional. La erosión del apoyo desde fuera lo aterra.

El Gobierno de México y el candidato oficial han desarrollado una costosa y constante campaña en el exterior para presentar una apariencia democrática y "modernizadora" para ser aceptados como tales.

Sus personeros visitan en el extranjero a políticos, banqueros, editores de periódicos y a especialistas "mexicanólogos", para repetir el argumento neoporfirista de "el PRI o el caos".

El menosprecio hacia la gente propia se combina con la búsqueda de legitimidad externa:

Los priístas y sus aliados políticos y académicos en el extranjero coinciden, de hecho, en la visión discriminatoria que manifiestan respecto al pueblo de México.

Con altivez sugieren:

¿ "Qué más podrían los 'pobres' e impreparados mexicanos esperar, que el Autoritarismo benefactor de la familia revolucionaria modernizadora'... el PRI apenas si les queda a su medida...".

Pero da la casualidad de que esos mismos mexicanos, hoy estamos diciendo que nos queda muy chico, y estamos decididos a cambiar el Sistema Autoritario.

El dirigente palaciego autoritario adquiere las habilidades para ser ducho en las guerras intestinas por el poder que lo obsesiona.

Aprende las reglas de la pelea por congraciarse con el poderoso de hoy, al que denigra mañana.

El dirigente democrático, por su parte, está convencido de su propia necesidad de controles populares.

Por eso proponemos diversas formas de referéndum.

La convicción y los liderazgos democráticos, llaman a las más altas reservas de tos seres humanos, invitan a la disposición para cambiar hacia la justicia.

En vez de hacer promesas, piden trabajo, organización, esfuerzo, solidaridad, supeditación de tos legítimos intereses particulares o de grupo, a tos urgentes y superiores intereses de la comunidad nacional.

Esto es lo que he pedido a mis conciudadanos en estos meses.

Esto es lo que todos los mexicanos están dispuestos a dar, y están dando, con clara y libre decisión.

El autoritarismo tiene sed de ser aceptado como benévolo y benefactor.

Por eso hace propaganda desaforada de sí mismo.

La autoridad democrática se somete al juicio del pueblo y a los controles de otros partidos y de las instituciones legales. Se somete, en concreto, al juicio electoral libre de su actuación, y a la cesión pacífica del poder si los ciudadanos no quedaron satisfechos con su desempeño.

El Autoritarimo siente miedo ante al instauración de controles eficaces.

En México dice repetida y expresamente que el poder no se comparte.

El gobernante autoritario no siente obligación de rendir cuentas.

Después de todo, concibe el poder como patrimonio o botín, a ser utilizado con márgenes amplios de discrecionalidad, repite con frecuencia la infame frase: "el Pueblo ha nacido para callar y obedecer en los altos asuntos del Gobierno".

Que quede claro, mis amigos: el poder así entendido, esté en manos de quienes esté, deriva por necesidad en la arbitrariedad. Se corrompe a niveles de agravio nacional, a pesar de todas las renovaciones morales del mundo.
Entiéndase bien, mis amigos: eso no se va a corregir, si el poder, desde el Presidente de la República, quienquiera que este sea, hasta el último policía de crucero, no actúan bajo controles democráticos eficaces.

Por supuesto que en un sistema democrático también existen violaciones insufribles.

Pero al menos la impunidad no es la regla dominante entre gobernantes y gobernados, hay mecanismos y procesos dinámicos de corrección, educación, afirmación de los valores opuestos y penalización adecuada por su quebrantamiento, por parte un Poder Judicial Autónomo.

La mentalidad y las concepciones autoritarias sienten una profunda incomodidad con la disidencia. De verdad no pueden entenderla.

Por eso intentan ocultar, minimizar, ridiculizar o eliminar la oposición. Para ello, cualquier medio es bueno: desde el fraude, hasta tos intentos de domesticación, la calumnia, tos voceros amigables en medios de comunicación controlados, o la acción directa.

Porque la mentalidad autoritaria no está capacitada para comprender la disidencia, le parece perfectamente natural calificar a quienes disienten de malos mexicanos, de anti-patriotas o de extranjerizantes.

Esto, mexicanos, es una táctica típica del Autoritarismo: la descalificación destructiva del oponente, la negación de su exigencia como interlocutor válido.

Y todo esto es lo que está en el centro del dilema actual de México.

Es lo que los mexicanos estamos dispuestos a cambiar.

Es precisamente lo que ha comenzado irreversiblemente a cambiar en nuestro país.

Así, la propuesta básica de mi partido y de mi Campaña se fundamentan en el suelo firme y realista de la teoría de la práctica democrática. Y en esto nos distinguimos de todos los demás.

Queremos abrir cauces eficaces de participación amplia y creciente en la vida vigorosa y autónoma de los sindicatos, de los procesos educativos, de los ejidos y comunidades agrarias, de las organizaciones profesionales y sociales de todo tipo.

El sistema democrático de vida y de gobierno no es una panacea mágica de todos los males. A la Democracia no se le puede pedir lo que no puede dar por sí misma.

Pero sí decimos que sin ella no hay salida realista para nuestros serios problemas.

La Democracia por sí misma no puede hacer todo; empero, sin ella nada podrá tener solución sevicia) para México.

De esto se trata. El lugar y el tiempo de la Democracia, son aquí y ahora.

Queremos, sí, una sociedad democrática y participativa, porque estamos convencidos que puede significar la explosiva libración de las enormes capacidades creativas del pueblo mexicano.

Mexicanos:

Las alternativas fundamentales ante tos electores han quedado ya muy claras:

La primera. Votar por más de lo mismo:

- La dedocracia y el tapadismo palaciego.
- Las prácticas corporativistas y fraudulentas.
- El dispendio descarado de recursos de todos los mexicanos en favor del mismo grupo en el poder.

Y el acarreo humillante manipulador de la miseria.

Si lo que realmente se piensa puede juzgarse por lo que se hace, los mexicanos tiene base suficiente de juicio sobre las posibilidades de cambio democrático hacia la justicia en la opción que ofrece el bloque oficial.

¿ Cómo puede el ciudadano tener expectativas realistas, de que quien es fruto nato del Sistema Autoritario y actúa con las características que he descrito, tenga convicción intelectual, la voluntad política y posibilidad real de llevar a cabo el cambio hacia un sistema democrático de vida, que jamás ha experimentado ?

En todo caso, el problema no es de personas, sino de naturaleza estructural. Muchos mexicanos se preguntan si las estructuras del priísmo pueden cambiar, aunque quieran. ,

La campaña de su candidato, por desgracia, no da evidencia razonable para fundamentar optimismo alguno.

Hay una segunda alternativa, la que pudiera llamarse la de "confusión nostálgica" o neopriísmo.

Como he señalado, ¿ por cuál opción exactamente va a votar el elector en esta alternativa ? ¿ por la del neo-corporativismo ? ¿ por cuál plataforma de los cuatro partidos coaligados ?
¿ por qué cosa estaría votando el elector ?

El aspecto central, sin embargo, de esta nueva fusión de corrientes disímbolas, es que buena parte de sus dirigentes son egresados de diversas escuelas de Autoritarismo, o incluso, del Totalitarismo.

La opción de la Democracia es el PAN.

Cuando se revise la historia política contemporánea de México, se podrá comprobar que este partido ha ejercido crecientemente la democracia en su vida interna y en sus decisiones fundamentales.

Sabemos de qué hablamos, cuando proponemos un proyecto democrático para la vida del país.

Somos un partido democrático. Con candidatos democráticamente electos. Por eso somos la principal y verdadera oposición.
Expreso mi deseo de que ellos, otros candidatos y sus organizaciones puedan llegar algún día a tener la estupenda oportunidad de decir que han sido seleccionados democráticamente corno prueba de su proyecto de gobierno.

Ciudadanos de México:

Frente al Palacio Nacional, parece necesario insistir que ha llegado la hora de desmitificar la figura presidencial.

Que esta casona deje de ser "palacio" y se convierta en el lugar de trabajo de un servidor público.

Solicito el libre voto ciudadano para ser electo Presidente de la República, y los mexicanos dejarán de ver al Presidente como el "Señor del Gran Poder".

No es que proponga una presidencia debilitada o inoperante.

Se trata de una concepción democrática del ejercicio de la presidencia y, por tanto, de mucha mayor fuerza moral, porque vendrá el liderazgo que sólo da el servicio, la congruencia entre lo que se dice y se hace, y el impulso que da la cercanía con el pueblo.

Si la libre decisión de ustedes me hace ocupar el despacho principal de ese histórico edificio tendrán un Presidente humano, con defectos y virtudes, un "pecador estándar", que concibe el cargo, con obligación de ser, como lo dijera el gran Morelos: "Siervo de la Nación".

Debo decir que espero con serenidad el resultado de las elecciones.

Exhorto a la concordia y a la unidad de todos los mexicanos, al respeto mutuo entre todos.

Exigimos respeto al voto para que el 6 de julio no se convierta en motivo de agravios y resentimientos.

Nuestra Patria lo merece.

He dispuesto mi ánimo para cualquiera que sea el escenario de los próximos días:

- En la derrota limpia, la de reconocer con hombría, responsabilidad y patriotismo, que el pueblo de México se inclinó por otra opción.

- En el fraude, la de encabezar la Resistencia Civil Activa y Pacífica para hacer respetar la voluntad popular.

- En la victoria, la de ejercer democráticamente la Presidencia de la República.

- Y en todo caso, para seguir luchando por México.

Muchas gracias