febrero 06, 1988

La subcultura de la prepotencia

Manuel J. Clouthier
Guadalajara, Jalisco
Febrero 6, 1988

Amigos de Guadalajara:

Con gran emoción vengo a esta plaza, a encontrarme con la ciudadanía tapatía. Son ustedes herederos de una larga tradición de luchas libertarias, republicanas y democráticas.

Vengo a dialogar con ustedes. A presentarles la opción de cambio que ofrecemos en estas horas cruciales para la nación mexicana.

Nuestros competidores, los señores de la aristocracia tecnocrática, intentan descalificar nuestra oferta política acusándola de carecer de programa de gobierno, y de elaborar nuestro discurso político sobre la subcultura del fraude, la frivolidad y la catarsis de la irritación.

Quiero rebatir esas afirmaciones:

Ya he dicho que la subcultura del fraude la padecen ellos, que confunden sus vicios con la normalidad; la prepotencia como privilegio, el poder como patrimonio familiar heredable.

Ellos sí padecen la subcultura de la arbitrariedad, al grado que no; saben distinguir entre un estado de derecho respetuoso y armonizado ¡con los derechos humanos y un simple estado de legalidad, fincado ¡ en un orden jurídico positivo formalmente elaborado por órganos del Estado antidemocráticamente y violatorio de derechos.

Respecto a la frivolidad es oportuno señalar que nuestra forma de comunicación con el pueblo no la pueden comprender los tecnócratas, que en su soberbia han creado un lenguaje, al que algunos llaman el "Priñol" o el "Coplamarense", que sólo entiende entre ellos y la población abomina y desprecia.

Nuestra campaña no la hacemos para los burócratas tecnocráticos, ellos que sigan con su monólogo inentendible, nosotros platicamos llano y sencillo con el pueblo y presentamos nuestra plataforma de gobierno a toda la población. Nuestro mensaje sí lo entiende la ciudadanía, sí hay comunicación entre Acción Nacional y el pueblo; por eso vamos a ganar las elecciones.

Finalmente me referiré a lo que los tecnócratas llaman la "catarsis de la irritación". Es verdad que hablamos duro y criticamos fuerte. En cualquier país la oposición lo hace para presentar su alternativa; pero no hemos rebajado el debate a la calumnia, ni al ataque personal. No así nuestros contendientes que han usado y financiado la difamación como arma política. Ellos deben recordar que hay material de sobra que se podría usar, si en nuestro ánimo no estuviese la firme convicción de dar una campaña de altura, prepositiva y estabilizadora en el orden de la justicia y la democracia.

Por último quiero referirme a nuestro proyecto de gobierno y por el que venimos a pedir su apoyo y voto:

Queremos cambiar a México; lo queremos diferente para sustituir este sistema autoritario fincado en una mezcolanza ideológica de colectivismo, estatismo y neoliberalismo, por un sistema democrático, construido sobre el humanismo personalista y comunitario, con una economía solidarista y subsidiaria.

Los ejes sobre los que descansa nuestra plataforma política son diversos, pero me voy a referir a tres de ellos:

Proponemos que toda la acción de gobierno y sus políticas específicas en materia económica, seguridad social, educación, desarrollo industrial, ecología, campo y agricultura estén presididas por el principio del bien común, al que definimos como el conjunto de valores e instituciones que facilitan el desarrollo de los hombres.

Proponemos que la política económica y la solución al grave problema de la inflación, parta de la consideración de que el salario no puede fijarse a la libre competencia del mercado, sino que debe complementarse con el de la necesidad.

Proponemos una política de asistencia social que prevea la intervención del estado para que los grupos sociales más desprotegidos, se pongan en condiciones de auto ayudarse cuando no lo pueden hacer con su sola fuerza.

Vengo a exhortarlos a que se incorporen a este gran movimiento de cambio.

Guadalajara debe ser, como lo ha sido en las grandes gestas de la patria, una trinchera victoriosa.

¡Guadalajara ponte de pie, ponte en marcha junto a todo el pueblo de México!

febrero 05, 1988

El viejo sistema y la juventud democrática

Manuel J. Clouthier
Guadalajara, Jalisco
Febrero 5, 1988

Juventud panista:

Bien se ha dicho que la fuerza de cualquier organización política se mide por el número de jóvenes que participan en ella.

Los jóvenes son amigos naturales de la libertad y la justicia, de lo noble y trascendente.

Son vigor e idealismo en acción. Son promesa y empuje en movimiento Por eso las instituciones que son capaces de atraer a los avenes siempre tienen un contenido positivo, y si les abren sus puertas se nutren de todas esas virtudes.

Los partidos que le otorgan una participación adecuada a los jóvenes en sus trabajos, tienen no sólo garantizada su renovación de dirigentes y su permanencia, sino algo más importante, su adaptación a los tiempos y circunstancias cambiantes.

La gerontocracia es por ello síntoma inequívoco de decadencia.

La presencia de jóvenes en Acción Nacional es por todas estas razones, no sólo síntoma de salud del partido, sino elemento de transformación del mismo.

En la campaña presidencial que me ha tocado encabezar, la presencia de los jóvenes es también alta y reconfortante.

Nuestro equipo de campaña se ha visto en la necesidad de marcar criterios sobre el número de campañistas que se necesitan, ante la avalancha de muchachos que solicitan su incorporación gratuita y desinteresada.

Asimismo, pedimos y buscamos a todos los comités estatales que en la agenda de trabajo de nuestra gira por las distintas ciudades programen encuentros y diálogos con la juventud.

Puedo decir que hasta ahora todos los encuentros que han tenido lugar han sido exitosos.

Esto quiere decir que nuestro mensaje llena de alguna manera las demandas de los jóvenes mexicanos.

¿Y nosostros qué?

¿Qué le decimos a la juventud de nuestro país, en esta hora crítica y turbulenta?

1.- Que los jóvenes no son el futuro. Son el presente. Que los retos que enfrenta el país son sus propios retos y que no se van a resolver sin su participación. Que no pueden, aunque quieran, ser espectadores. Que ya son actores en la vida nacional.

2.- Que la opción de cambio que Acción Nacional ofrece es de libertad, responsabilidad, balanceo del poder, democracia inspirada en valores trascendentes.

Jóvenes compañeros de lucha:

Vengo a pedirles su colaboración en esta campaña en dos cosas:

1.- Organización y trabajo en la campaña.

2.- Difusión de nuestro mensaje.

febrero 04, 1988

La ley y el alma del pueblo

Manuel J. Clouthier
San Juan de los Lagos, Jalisco
Febrero 4, 1988

Uno de los problemas más graves que lastiman a la nación mexicana es la cuestión de la libertad religiosa.

El problema se origina en el divorcio que existe entre el alma y la entraña del pueblo mexicano y el orden jurídico positivo.

Una muestra palpable de ese nefasto desgarramiento entre la realidad y lo legal se vive todos los días aquí en San Juan de los Lagos.

El pueblo hace las más impresionantes manifestaciones de fe religiosa y se moviliza por millones de gentes cada año, y sin embargo las leyes prohiben las peregrinaciones, porque dicen las normas que los actos del culto deben hacerse en lugares cerrados.

¡He aquí un caso típico y evidente de desobediencia civil pacífica a una ley injusta!, que viola los derechos humanos y no está en armonía con el alma del pueblo.

Sí mis amigos, en materia de libertad religiosa en México existe una situación esquizofrénica que daña la salud nacional y provoca frustraciones a la sociedad y al Estado.

Mientras el pueblo de México no encuentre la reconciliación entre sus más profundos sentimientos y las leyes, no tendrá la energía suficiente para resolver sus problemas.

Por la salud de la nación, por la restauración de los derechos humanos y porque es una demanda del pueblo de México, es preciso tener libertad religiosa.

Vamos a arreglar este problema en nuestra plataforma.

El Estado ha sido instituido para procurar el perfeccionamiento y la felicidad de los hombres, respetando su dignidad y propiciando el normal ejercicio de sus libertades, la religiosa entre ellas.

La libertad religiosa implica el derecho de los hombres a practicar actos de culto, educar a sus hijos de acuerdo con sus convicciones, difundir éstas y organizar asociaciones con fines religiosos; también implica el respeto hacia los ministros y directores de estas asociaciones.

En congruencia con estas ideas Acción Nacional propone:

  • Reconocer la personalidad jurídica de las asociaciones religiosas.
  • Reconocer el derecho de las iglesias:
  • A ejercer libremente los actos de culto.
  • A difundir sus creencias por cualquier medio de expresión.
  • A impartir enseñanza en todos sus grados.
  • A adquirir los bienes necesarios para el cumplimiento de sus fines.
  • Reconocer a los ministros de culto el derecho a votar y a emitir opiniones libremente.

febrero 03, 1988

Manifiesto a la nación

Manuel J. Clouthier
Foro Democracia y Fraude
San Luis Potosí, San Luis Potosí
Febrero 3, 1988

Los problemas del país –carestía, corrupción, desigualdad social, deuda externa, centralismo, etc.– crecen diariamente, al mismo tiempo que una camarilla en el poder se burla criminalmente de los esfuerzos del pueblo que quiere ejercer sus derechos y, por medio de ese ejercicio, hacer valer su soberanía.

La participación política popular ha obtenido como respuesta del gobierno el fraude electoral impune cuyo objetivo es sumir al pueblo en la desesperanza, convencerlo de su impotencia, despolitizarlo y lanzarlo a un fatalismo apático.

El régimen agrede constantemente a los ciudadanos en sus derechos: los obliga a afiliarse a sindicatos o ligas agrarias masivamente afiliadas al partido oficial; les niega acceso a ciertas ventajas materiales si no son miembros de éste; los reprime cuando se oponen legítima y legalmente al sistema. El temor que todo esto genera tiende a provocar la parálisis de la sociedad.

El gobierno ha implantado un sistema de control que ahoga la dignidad y la libertad. Las instituciones intermedias –sindicatos, ejidos, asociaciones gremiales, universidades– son controladas directa o indirectamente por el régimen y su partido, con el fin exclusivo de conservar el poder.

Los partidos políticos independientes viven serias dificultades a causa del sistema antidemocrático. El gobierno sostiene con recursos del pueblo a partidos fantasmas que sólo le sirven para maniobrar electoralmente.

La simulación se da en todos los órdenes: el gobierno proclama el Sufragio Efectivo, al mismo tiempo que crea leyes y genera acciones para violar sistemáticamente el voto; llama "democracia" al sistema en que el Presidente en turno impone a su sucesor, a los gobernadores y a los presidentes municipales; cínicamente se presenta en el exterior como defensor de la causa democrática, en tanto que trata a los mexicanos como si fuéramos habitantes de un país extranjero ocupado por la fuerza.

El régimen impone al pueblo cargas fiscales exageradas para pagar errores de gobiernos corruptos, crearle imagen al Presidente, financiar campañas del PRI, subsidiar empresas estatales en déficit constante, o sostener la corrupción generalizada: se burla impunemente del pueblo, de su miseria y de su trabajo.

El régimen se llama a sí mismo "agrarista" al mismo tiempo que abandona el campo y mantiene el ejido sólo como instrumento de control y no de mejoramiento del campesino. Además celebra con pompa la libertad de prensa, en tanto que asesina a periodistas libres, impone "noticias" o somete a los medios informativos a censura.

El gobierno se autonombra sindicalista cuando los sindicatos son únicamente medio para la corrupción de líderes que viven enriquecidos a costa de una clase obrera a la que despoja de capacidad de compra y obliga a ser materia prima de acarreo.

Los vicios públicos han llegado a la vida privada y relajado las costumbres. El régimen no promueve material ni espiritualmente a los ciudadanos, sino que actúa y obliga a actuar contra toda ética.

Ante esta situación, todo mexicano debe reflexionar: ¿A dónde vamos a llegar? ¿Cuál es el futuro de México como nación? ¿Cuál será el país en que vivirán nuestros hijos?

La apatía o la resignación son complicidad, irresponsabilidad y falta de confianza en nosotros mismos. No detener el deterioro nos lleva a la violencia y nuestro futuro como nación se ve amenazado por la creciente falta de solidaridad. De continuar la inercia, sólo se vislumbra un panorama desolador.

En la historia de los pueblos, hay momentos que exigen cambios radicales y reclama a las mujeres y a los hombres vivir la epopeya de la propia transformación y la del país: 1988 es tiempo propicio para luchar por la democracia, la libertad y la dignidad; para hacer realidad el sueño de nuestros padres, por el que dieron la vida nuestros próceres.

Para conseguir el México que queremos es necesario establecer un nuevo pacto social que dé a la sociedad y a sus diversas instituciones un espacio mayor que el del gobierno y por el que la democracia llene todos los espacios de la vida social, económica y política.

El México nuevo al que aspiramos es posible si cambiamos la resignación por la participación conciente y decidida en la solución de los problemas públicos; si luchamos por la satisfacción de nuestras necesidades y no esperamos que el gobierno u otra instancia nos los resuelva.

El México nuevo que queremos debe ser una sociedad abierta, con capacidad crítica y voluntad de autotransformarse y desarrollar valores sociales.

La patria nueva que anhelamos debe dejar los sistemas arcaicos de poder, erradicar en los gobernantes la idea de que el erario público es su patrimonio propio y evitar que el régimen manipule y controle a la sociedad como si los ciudadanos fuesen menores de edad.

Acción Nacional, bajo la inspiración de las mujeres y los hombres de las diferentes generaciones que han luchado por la democracia y la libertad, ofrece al pueblo de México una alternativa de vida y esperanza, fincada en los siguientes cambios:

I.- PROMOCIÓN HUMANA

El México nuevo requiere de un mexicano nuevo, solidario, responsable, crítico, participativo y productivo, es decir, con una clara conciencia de su ser, sus deberes y sus derechos. Esta conciencia nace en la familia, se fortalece y desarrolla en la escuela, se amplía y profundiza en el trabajo y se perfecciona en la vida política.

Por eso la Patria que queremos debe promover la libertad de los padres para escoger la educación de sus hijos, la justicia social que dé bases económicas estables a la familia, el respeto por los menores y los ancianos y la equidad entre varones y mujeres. Además respetará los valores morales que los padres quieran transmitir a sus hijos, al mismo tiempo que ofrecerá a éstos los medios para desarrollar su conciencia social, su patriotismo y su vida democrática.

La promoción humana tendrá como base el concepto de persona –ser corporal, espiritual y social– y se hará por medio de la participación y la persuasión, buscando que colaboren las familias, las organizaciones intermedias y el gobierno

II.- DEMOCRACIA ECONÓMICA

Deseamos una patria "ordenada y generosa" en la que todo mexicano cuente con la posibilidad de conseguir empleo, sustento y habitación dignos; un México en el que la distribución de la riqueza tenga como norma la justicia.

Queremos un México que impulse a la pequeña y a la mediana empresa, que despierte y estimule la capacidad personal y social de emprender, que erradique los monopolios y democratice el capital de las empresas. Aspiramos a un país en el que los trabajadores tengan acceso al capital de la unidad de producción en la que laboran, así como a los órganos en los que se toman las decisiones que los afectan. Queremos una nueva empresa en la que la remuneración al trabajo sea suficiente para que el obrero o el empleado puedan fundar y sostener dignamente una familia.

Deseamos para este México un gobierno que fomente y apoye la productividad del pueblo por medio de la capacitación para el trabajo y el aprovechamiento nacional de nuestros recursos naturales; no un régimen burocrático e ineficiente que corrompa la vida económica, despilfarre los recursos públicos, mal administre los servicios y disponga arbitrariamente de los bienes materiales de los mexicanos a través de impuestos excesivos, inflación y contratación anticonstitucional de deuda externa.

Queremos que los hombres que trabajan la tierra puedan obtener beneficios suficientes para vivir con dignidad; anhelamos un México en el que las zonas rurales cuenten con buenos servicios públicos, los campesinos puedan ser propietarios de sus tierras, si así lo desean, y la pequeña propiedad de éstas no sólo sea respetada, sino apoyada y garantizada por las leyes y las autoridades.

Asimismo queremos un gobierno que impulse y oriente la economía, sin expropiar el derecho ni la iniciativa de los particulares en el ámbito económico; que apoye y sirva a la sociedad en materia económica para que las personas y las comunidades crezcan en libertad, responsabilidad y bienestar, no para someterlas a su poder caprichoso y sin contrapeso.

Ese gobierno deberá ser celoso de la independencia económica y política de la nación y no comprometer la soberanía nacional con empréstitos o aventuras irresponsables, o con deudas superiores a la capacidad de pago real del país. Queremos evitar que el gobierno hipoteque el futuro de la patria e impedir que se endeude sin la deliberación previa, el consenso y la aprobación de los mexicanos.

III.- DEMOCRACIA POLÍTICA

Queremos respeto irrestricto a los derechos humanos. Deseamos un Estado que impulse la participación crítica de los ciudadanos en la vida pública y un gobierno sobre todo su Presidente sujeto al control de las leyes, promotor del federalismo y de la autonomía municipal, limitado por los Poderes Legislativo y Judicial, sometido al juicio de la sociedad y al de una prensa, radio y televisión libres para informar y opinar.

Anhelamos un sistema político en el que la voluntad de la mayoría determine -en los ámbitos municipal, estatal y federal- qué tipo de gobierno quiere establecer y quiénes serán los hombres que lo encabecen.

Este sistema estará garantizado por leyes y mecanismos electorales que den igualdad de condiciones a los partidos políticos. En el México nuevo no deben tener cabida el monstruoso y aberrante sostenimiento económico del Estado a un partido oficial, ni la complicidad de los organismos electorales con el partido del gobierno para mantener a éste en el poder contra la voluntad del pueblo manifestada en las urnas.

La política exterior del México que deseamos será congruente con la interna y buscará la promoción de los valores de la democracia, la libertad y la justicia social internacional; no predicará para otros pueblos lo que no sea digno del nuestro ni será instrumento de potencias hegemónicas, ni aval de tiranías que nieguen a las personas el ejercicio de sus derechos inalienables.

Queremos un México abierto al mundo desde su propia cultura, sin prejuicios nacionalistas o ideológicos, promotor de la integración cultural, económica y política de América Latina; un México honestamente solidario con los esfuerzos en favor de la paz y del orden mundiales.

IV.- DEMOCRACIA SOCIAL

Queremos un México con más sociedad y menos gobierno. Queremos un país vertebrado en torno a organizaciones intermedias autónomas, no sumisas al gobierno o al partido oficial. Rechazamos la idea y la práctica de organizar la vida nacional sobre individualismos egoístas, sobre la amenaza del gobierno o sobre temores a represalias económicas y políticas de parte del régimen.

El Estado que queremos no subordinará a los intereses o conveniencias del gobierno a las organizaciones intermedias –sindicatos, ligas agrarias, cámaras empresariales, universidades, colegios profesionales, etc.–, sino que promoverá su existencia y respetará sus fines propios, garantizará que los agremiados o miembros de aquellas elijan libremente a sus directivos y no les impondrá afiliación política alguna. Además, suprimirá la cláusula de exclusión en los sindicatos.

En el México que queremos habrá respeto absoluto a la libertad de conciencia y a la de opción religiosa o atea, así como a práctica pública de la religión que se escoja y a la libertad de las diversas familias culturales y religiosas de establecer instituciones acordes con sus ideas o creencias. El Estado y el gobierno serán laicos, pero no impondrán el laicismo a través de la educación pública, sino que apoyarán el pluralismo cultural y educativo de acuerdo con las opciones de los padres para sus hijos.

Queremos un país en el que los medios de información promuevan el desarrollo integral de las personas, la conciencia crítica, la identidad nacional y la solidaridad, la justicia, la paz, la participación y la responsabilidad. Para lograrlo, el Estado deberá respetar su independencia y evitar su monopolización tanto por parte del Estado mismo como por la de consorcios particulares.

Queremos que las familias, en este México nuevo, cuenten con el apoyo legal suficiente para fortalecer su estabilidad comunitaria y económica.

El México que queremos será un país en el que el vigor de la sociedad civil sea un valor reconocido y promovido por el Estado, que estará sujeto a aquélla.

V.- RESPETO AL DERECHO

Anhelamos una Patria en la que impere la ley sobre gobernantes y gobernados, en la que los conflictos se resuelvan conforme a Derecho y la sociedad civil y el Estado promuevan una cultura del respeto por las leyes.

Querernos un México en el que Sociedad y Estado luchen contra la arbitrariedad del poderoso, la corrupción, los desaparecidos políticos, la evasión fiscal, la complicidad de policías y delincuentes, la represión ilegal, el narcotráfico y la perversión del Poder Judicial.

Los tribunales del México que queremos serán independientes del Poder Ejecutivo, los jueces serán de carrera y electos popularmente o por mecanismos transparentes.

Este México nuevo que queremos es el que desearon Morelos y Madero al empuñar las banderas que expresaban los anhelos populares de independencia nacional, justicia social, democracia, libertad y sufragio efectivo. Es el México que animó como ideal a los hombres y las mujeres que se lanzaron a la aventura vasconcelista y que inspiró la tenacidad constructora de Manuel Gómez Morín.

Vivimos tiempos de cambio. A la ¡dea del México solidario y democrático le ha llegado su tiempo. La construcción de este México moderno, libre y justo exige la participación decidida de todos los mexicanos que sabemos que ha sonado la hora de la liberación nacional.

Acción Nacional te convoca a no desmayar en la lucha por la soberanía a participar con entusiasmo y decisión en la tarea de conquistar tu libertad. Es necesario que tu anhelo sea el anhelo de todos, que contagies tu entusiasmo y tus convicciones para que construyamos juntos el México libre que todos deseamos.

La lucha política se ha definido

Manuel J. Clouthier
San Luis Potosí, San Luis Potosí
Febrero 3, 1988

Amigos potosinos:

Nos encontramos en un momento político de extrema gravedad. La nación mexicana ha llegado, una vez más, a una nueva cita con su destino histórico.

La lucha electoral de 1988 ha entrado en una fase decisiva, porque los términos de esta competencia se han definido.

Estos son los elementos de la actual confrontación, de la que el país, fatalmente saldrá transformado.

  • El PRI-Gobierno no quiere competir leal y civilizadamente. No se conforma con el abuso que hace de los recursos públicos para promover a su candidato, sino que ahora recurre a reprimir e intimidar a la ciudadanía y a sabotear las campañas de los partidos de oposición.
  • El PRI- Gobierno quiere unas elecciones de utilería. Quiere un proceso electoral de opereta, en donde no haya posibilidades de alternancia de diversos partidos en el ejercicio de la autoridad, pero que le sirvan como válvula de escape para liberar la irritación popular acumulada luego de 18 años de mal gobierno y desastre económico.
  • Quiere el sistema neoporfirista que nos oprime, formado por tecnócratas, caciques sindicales monstruosos y oligarcas desalmados, que los partidos de oposición y los ciudadanos les sirvamos de comparsa en un juego electoral que les legitime y purifique ante los ojos del mundo.

Quieren todo eso para quedarse, ellos y sus descendientes, otros cincuenta años en el poder.

  • En el otro terreno, está el binomio PAN-Pueblo, decidido a que este mal no dure 100 años.
  • PAN-Pueblo no está jugando a las elecciones para que el neoporíirista se maquille de democrático y siga explotando tranquilamente al país.
  • PAN-Pueblo no va a aceptar ser el orificio de emergencia por donde salga, sin rumbo ni provecho para la nación, la energía cívica que se ha acumulado contra el estatismo, el autoritarismo y la corrupción.
  • PAN-Pueblo sabe que en 1988 llegó la hora y que juntos somos una nueva alternativa, viable y confiable, de gobierno para México. 

La lucha electoral se ha definido. Las reglas del juego ahora las dicta la ciudadanía.

Los señores de la aristocracia priísta saben que no cuentan con nosotros para sus juegos y simulaciones.

Por eso nos amenazan, nos reprimen, nos calumnian y quieren impedir que nos comuniquemos. Los neoporfiristas saben que el juego con cartas marcadas no acabó, que PAN-Pueblo no es instancia para instruir en la servidumbre voluntaria a la población, sino instrumento de su liberación.

  • No vamos a callar las injusticias.
  • No observaremos impasibles sus arbitrariedades.
  • No seremos mansos ante sus insolencias.
  • No evadiremos nuestras responsabilidades frente a su corrupción.
  • No toleraremos más sus fraudes.
  • No obedeceremos a quien no tenga autoridad moral ni legitimidad electoral en el ejercicio del gobierno.
  • En suma, no nos autodenigraremos más. Recuperaremos nuestra estatura ciudadana.

Pondremos en su debido orden y justicia la relación entre Pueblo y Gobierno, entre Sociedad y Estado.

Frente a los ciudadanos maduros, los neoporf instas se van a tener que quitar las máscaras y soltar los disfraces.

No tienen más que dos opciones:

O aceptan que este pueblo no puede seguir soportando el insulto diario de la subcultura de la soberbia y prepotencia y se reconcialian en la democracia con todos sus hermanos los mexicanos.

O van a endurecer el puño, la represión y el cinismo en el fraude, transformando al sistema político de autoritario y paternalista, en tiránico y despótico; y de presidencialista en satrapía.

Ellos deben reflexionar sobre su comportamiento, y lo que quieren para sus hijos. Nosotros ya optamos por el cambio en la democracia y la libertad, a partir de la afirmación de nuestra propia dignidad como personas.

En esta encrucijada tres tareas tenemos que realizar quienes formamos el binomio PAN-Pueblo.

1.- Resistir, sin cansancio, activamente y sin violencia, toda injusticia, toda prepotencia, toda arbitrariedad, cualquier represión y fraude electoral.

2.- Ser solidarios con las víctimas del abuso del poder.

3.- Trabajar, organizamos, con entusiasmo, y pasión por el cambio. Dejar a un lado las diferencias menores y particulares, para impulsar, todos unidos, el cambio democrático.

Potosinos:

Estamos en el umbral de una nueva etapa en la historia del país. Sus señales están a la vista.

Ustedes han puesto su sacrificio y esfuerzo, junto con otros compatriotas, para que las condiciones maduren en 1988.

¡No aflojen el paso! Sé que ustedes volverán a tener el canto de la victoria en el corazón y lo volcarán masivamente el próximo 6 de julio en las urnas.