octubre 08, 1989

Despedida no les doy

Paco Calderón
Calderón en El Norte
Octubre 8, 1989

Homenaje póstumo al Ing. Manuel J. Clouthier

Luis H. Álvarez
Cine Latino
Octubre 8, 1989

Cuando un hombre vale; cuando un hombre hace de su vida una obra de entrega plena;  cuando un hombre convierte su tiempo en tiempo para los demás, en tiempo para su patria y en tiempo para el tiempo de todos los hombres, ese hombre derrota a la muerte. La derrota,  porque su ausencia se vuelve presencia permanente, inspiración constante, modelo a seguir. La derrota porque el deseo de imitarlo llega ser mayor que el dolor de perderlo. La derrota porque deja huella tan profunda que en ella caben muchos pasos. La derrota porque imprime sobre la tierra una sombra tan grande que, dentro de ella, se puede caminar aprisa y por mucho tiempo, sin importar el vigor del sol. La derrota porque deja una luz tan intensa que, con ella,  se puede marchar hasta cuando la noche es más oscura.

Por eso hoy, reunidos para rendir homenaje a quien fuera nuestro candidato presidencial apenas el año pasado, quiero comenzar diciendo: Manuel Clouthier del Rincón ha derrotado a la muerte.

No podría, en el breve lapso de un discurso, evaluar con justicia la vida entera de Manuel. Además, ese juicio total no corresponde a hombre alguno, es potestad de Dios. Pero sí puedo, como compañero de militancia política, como amigo, como presidente nacional del Partido que Manuel escogió para vivir sin mediocridad su compromiso político, con una abnegación y una generosidad ejemplares, hablar de la herencia que nos deja.

Manuel solicitó y obtuvo su ingreso al Partido en 1984. De inmediato, asumió sus responsabilidades partidistas. Menos de dos meses después de su ingreso ya estaba en su primer acto público. Fue en Mérida, muy lejos de sus natal Sinaloa, y allí nos cruzamos por primera vez, en noviembre, durante la campaña municipal por la capital de Yucatán. Dos años después encabezaba la lucha electoral de sus coterráneos por la gubernatura de Sinaloa. Su campaña fue enérgica, decidida, total, y su triunfo claro. Tan claro como inocultable fue el despojo de que fue víctima. Anta aquel aparente fracaso, su respuesta fue la que hubiera dado Gómez Morín: "Apenas estoy empezando a luchar". Un año después, la Convención Nacional del Partido lo eligió en forma inusitadamente entusiasta como candidato de Acción Nacional a la Presidencia de la República.

Vino entonces el crecimiento personal y político del hombre, y los días de su mayor aportación a México y al partido. Virtualmente se sumergió en la doctrina de Acción Nacional y se convirtió en su generoso, eficiente y decidido apóstol. Fué, antes de ser panista y todos los días que lo fue, un demócrata convencido, tanto como padre y esposo, que como empresario y político. Si de él se puede decir algo con certeza, es que fue ciudadano. Lo fue en los grupos cristianos a los que perteneció, en las empresas que fundó e hizo prósperas fuentes de trabajo, en las asociaciones que encabezó, en el Partido que le dió sustento doctrinal y base popular, historia política y cultura humanista.

Su vitalidad incontenible, su prisa por lograr un cambio de estructuras, su estilo, imprimieron en la campaña un vigor inusitado. Su disciplina como militante, como candidato y como coordinador del gabinete alternativo –que fue la idea suya– fueron ejemplares. Con inusual decisión emprendió las más variadas acciones de resistencia civil, de protesta, de recaudación de fondos, de denuncia, de proselitismo, de apoyo a campañas, de búsqueda de candidatos, de diálogo, de amistad, de reconciliación. Pero, además, suscitó confianza, entusiasmo, convicción, esperanza, admiración y respeto. Lo hemos comprobado estos días: su muerte ha propiciado una gigantesca ola de solidaridad nacional para quien, con la mirada puesta en el futuro, supo crear puente entre los mexicanos más distintos. Gracias a él, Acción Nacional ha podido convertir en frutos visiblemente jugosos para México la semilla que sembraron, cuidaron y regaron los fundadores del partido y los miles de panistas que en cincuenta años han luchado por la dignidad de la persona, por el bien común, por la justicia social, por la solidaridad, por la subsidiaridad, por la libertad y por la democracia.

Hombre valiente, arrostró las adversidades derivadas de su compromiso y de la miopía y la perversión ajenas con alegría, magnanimidad y buen humor. Era un caminante que no se detenía. Avanzó en lo personal, en lo familiar, en lo empresarial, en lo social y el lo político miranod a la cara, diciendo la verdad, luchando por saber más, entender mejor, unir, dialogar y jugándose los bienes materiales y la vida misma por amor a México. Dijo siempre "Presente" cuando se le llamó. Y, como se ha escrito en estos días, nunca lloró por las naves que decidió quemar. Y tampoco abrigó rencores. Ni actuó por resentimiento, que es el rostro deformado de la justicia. Buscó la justicia sin que le deformara el rostro. Ni siquiera la muerte le tocó la cara.

Dinamizó excepcionalmente al Partido. Hizo llegar el pensamiento de Acción Nacional y la voluntad democrática del partido hasta a ámbitos muy lejanos y muy distintos. Abrió puertas y ventanas, estrechó la mano e intercambió razones hasta con sus más obvios adversarios. Es precursor del México en que imperará, si sabemos seguir su ejemplo, el díalogo y el respeto por las diferencias, del México en que las leyes serán equitativas para todos, del México en que la política será obra del pueblo, y no de una cerrada minoría.

Deja Manuel una herencia de lucha vigorosa por la democracia. Lucha que no excluye el diálogo, pero que no renuncia a la movilización. Lucha que es entre personas que se respetan. Lucha de libertades que tiene que desarrollarse en el marco de una legislación justa. Por eso estuvo hace unos días en su último plantón frente a la Cámara de Diputados para reclamar que esa nueva ley no naufragara en el mar de la cerrazón y la ceguera.

Rindo, pues, homenaje al amigo, al panista, al ciudadano. Y rindo sobre todo homenaje al hombre bueno. Porque las razones morales, las razones buenas, son buenas razones. Y, en este sentido, repito lo que decíamos en la campaña: "Maquío tiene razón".

Tiene razón, porque el hombre que asume su responsabilidad y cumple su deber político, es fiel a sí mismo, fiel a su familia, fiel a su comunidad, fiel a su patria y fiel a la humanidad entera. Tiene razón, porque en hombre que asume esa responsabilidad se incorpora a un esfuerzo y realiza un obra de tranformación personal y social benéfica y trascendente. Tiene razón, porque al actuar en el conjunto de la patria, hace de ésta una verdadera casa para todos sus hijos. Tiene razón, porque trazar puentes de comprensión y diálogo, corriendo todos los riesgos sin perder la fe, llena de fe hasta la atmósfera que respiramos todos.

Manuel nos dejó todo eso, no para que lo admiráramos a él, simo para que compartiéramos con él esta capacidad de derrotar a la muerte, de generar vida, de elevar la mirada, de dar la mano, de cumplir con la propia conciencia y de no perder tiempo en lo inútil y lo insubstancial.

Recogemos su ejemplo. Nos ponemos sobre sus huellas, que son las de un hombre de Acción Nacional. Y seguiremos caminando, para que, como él, cuando llegue el momento de rendir cuentas, podamos decir: he combatido el buen combate y ahora recibo el premio reservado a los que lucharon su vida entera. A esos, que según el poeta, son los únicos imprescindibles. Como Maquío. Como Manuel Clouthier del Rincón.


octubre 03, 1989

¡Lástima que calló tan pronto!

Rosario Ibarra
El Universal
Octubre 3, 1989

..."No hay realidad, no hay duración verdadera, sino entre la cuna y la tumba... Me llaman maestro por razón de no sé qué prestigio de mi palabra y de mis pensamientos, pero soy un niño desamparado ante la muerte..."

María Lenéru: LOS EMANCIPADOS. Acto tercero, escena IV.
(Citado por Mauricio Maeterlinck en su libro LA MUERTE.

DORMITABA recostada en el sofá, con la sala en penumbra para ahuyentar un dolor de cabeza. La tarde del domingo transcurría silenciosa y tranquila. Apenas si de cuando en cuando el bufido de un camión urbano la perturbaba. De pronto escuché el repiqueteo del teléfono, ruido raro en el único día que tomo para el descanso. Mi gente no era quien llamaba –pensé– pues mi familia en Monterrey habló en la mañana y mis compañeras del DF respetan mi reposo y aprovechan su día libre también. Alguna mala noticia, me dije angustiada.... Y así fue. Un periodista preguntaba mi opinión sobre la muerte del ingeniero Clouthier. De pornto, todavía atosigada por la jaqueca y la modorra, no comperndía del todo. Él insistía: "Sí, murió esta mañana en un accidente automovilístico entre Culiacán y Mazatlán".

Y qué había que decir ¡caray! pues que era doloroso, que me molestaba su muerte, que me daba tristeza.

¡Cuánta verdad hay en el refrán aquel! "No hay noticias, buenas noticias".

En cambio las malas corren, vuelan, atraviezan campos y ciudades con la velocidad del rayo y llegan a causar más daño que éste. Las llamadas seguían una tras otra, la mala noticia seguía su camino y todos hablaban, contaban, opinaban, en fin...

Tarde ya, la calma volvió y yo volví al sofá son un martilleo en las sienes y una punzada enla memoria. Me costaba trabajo imaginar al ingeniero Clouthier en la quietud y en la inmovilidad de la muerte. Su vigor y su corpulencia, su vitalidad y su inquietud, parecián un coraza para la parca, pero allí estaba, "desamparado ante la muerte".

En aquella carretera que tantas veces recorrí para ver a mis compañeras, las madres de los desaparecidos de Sinaloa, la muerte acechó su paso y se montó en el fatídico camión para encontrarlo. ¡Canija muerte movediza y veleidosa que lo mismo se lleva al viejo que al joven, al pobre que al rico, a la mujer que al hombre! Se le ha visto desleirse en las olas de las playas y en la calma de los estanques para atacar a los que ha elegido. Se posa al sol en las astas de un toro y se lleva una vida envuelta en sedas y lentejuelas; se hace chiquitita y se mete en los microbios y en la espora añeja y letal; vive amenazante en las manos de los torturadores y ronda las cabezas de los poderosos para inducirlos a ser socios; su guadaña siniestra siega al ras de los campos revolucionarios y su figura desgalichada se torna airosa entre la llamas enormes de los incendios que se llevan vidas a granel.

En medio de estos pensamientos la figura risueña y bondadosa de Clouthier se asomaba empecinada.. Recordé entonces, como en una película (como sucede siempre que alguien a quien conocemos se va por el camino que no tiene retorno). los momentos en los que coincidimos en este espacio que nos toca entre la cuna y la tumba. La primera vez que lo vi fue en Culiacán, en el aeropuerto, hace ya más de una década. Llegó cargando su maleta y un saco de repuesto. Nos subimos en el mismo avión y hasta mi asiento –algo lejano– llegaba su risa fuerte y franca. Él no me conocía. Yo sí sabía quién era: el empresario, el hombre de negocios a quien la fortuna sonrie y me llamó la atención su sencillez al compararlo con oros igualmente favorecidos, que miran a los demás como desde una atalaya, ensorbecidos y fatuos. Después, la lucha nos acercó. Doña Chuyita, una de las madres de Sinaloa, deciá que el ingeniero había hablado con ellas varias veces par expresarles su solidaridad. –"Si llego a ser gobernador –les dijo– sacaré a sus muchachos de donde los tengan". Conociéndolo, no dudo ni tantito que lo hubiera hecho.

Más tarde, candidatos ambos a la Presidencia de la República, nos reunimos aquella noche memorable del 6 de julio, junto al también ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas para ir a Gobernación a exigir cuentas claras. Sentado frente a mí, a un costado del secretario, recuerdo su mirada fija y la insistencia de su reclamo lleno de justicia, que parecía molestar al funcionario.

Hablé con él muchas veces, lo visité en su campamento junto al Ángel y él pagó la visita cuando estábamos las "Doñas" en la Secretaría de Gobernación apostadas en huelga de hambre exigiendo la libertad de nuestros hijos.

En una ocasión nos encontramos en un acto y allí me presentó a su esposa y a varios de sus muchos hijos. Desde este espacio, a nombre de EUREKA, envió nuestra solidaridad a toda la familia en estos momentos de pena por el bien perdido. Puedo asegurarles que siempre respeté al ingeniero porque defendía sus posiciones con convicción y con lealtad; porque lo sentí sincero y honrado y bienintencionado y, sobre todo, porque –como muchos miles de mexicanos– luchaba por la democracia.

Todo lo anterior lo dije muchas veces en vida de don Manuel. Nunca he sido como algunos panegiristas que esperan a que la persona muera para deshacerse en alabanzas. Admiré la tenacidad de Clouthier, su convencimiento por su causa y su manera de plantear las cosas: llana, directa, sin circunloquios y sin elipses.

Desde los lugares que nos tocaron por nuestras diferencias, podiamos sentir una corriente de respeto entre ambos.

Coincidimos en la lucha contra la desaparición y el fraude electoral, contra la represión y en la defensa de la dignidad.

Su voz sonaba clara y fuerte: ¡Lástima que calló tan pronto!

1989: ¡Año de la libertad de todos los desaparecidos políticos!

Manuel Clouthier

Enrique Krauze
3 de octubre, 1989

Creía en el martirio, por eso es tan dolorosa su absurda muerte. Recuerdo su entusiasmo por el proceso de democratización en Filipinas y su mención explícita al sacrificio de Benigno Aquino.

No tengo duda que de sobre todos los mexicanos del siglo XX admiraba a Madero, aquel otro empresario agrícola creyente en la fuerza histórica del martirio, cuyo sacrificio, sin embargo, no abriría el paso a la democracia mexicana.

Como su remoto modelo, Manuel J. Clouthier arriesgó bienes, amigos, seguridad familiar y, varas veces, la vida.

En momentos decisivos del proceso electoral de 1988, después de haber sido un protagonista central en la gran batalla cívica que escenificó la oposición mexicana, Clouthier consideró seriamente alternativas de resistencia cívica que podían conducirlo a una muerte fundadora.

El hombre apacible sobre el camastro en una tienda de campaña al lado del Ángel de la Independencia no bromeaba con su huelga de hambre.

"¿Deveras te quieres morir, Manuel? ¿Deveras crees que eres más útil al país como símbolo que como líder?"

"Fíjate que sí. Este es el momento de arrancarle al gobierno la promesa pública de una definitiva reforma electoral. Tardaríamos mucho en recuperar el impulso. Ahora o nunca hay que echar el resto. Hay muertes creativas, y yo no me rajo."

Mil consideraciones de toda índole debieron pesar en el ánimo del presidente Salinas de Gortari para comprometerse a la auténtica reforma electoral que la ciudadanía aún espera. Estoy seguro que una de esas consideraciones fue la determinación moral de Manuel Clouthier: no se rajaba.

Antes lo había visto en dos breves ocasiones: una comida y una charla de oficina. Aquel hombrón no era el temible tackle del Tecnológico de Monterrey que yo había imaginado, sino una persona suave, casi dulce, un soñador, un sentimental, un quijote o, mejor, un Santa Claus de la política democrática.

Me encantó desde el principio la facilidad con que introducía en cualquier frase la palabrota perfecta: contra todas la predicciones –me dijo– su campaña esquivaría el populismo fácil o la incitación a la violencia. Su propósito sería despertar el coraje cívico del mexicano apelando al corazón de la gente.

"Yo sé hablarle a la gente, porque la conozco, porque la he tratado desde siempre, porque la respeto. ¿Sabes qué le digo a los campesinos? Ustedes quieren a la tierra como quieren a su mujer: ¿Y qué se hace con la mujer para que florezca? Se le cuida, se le acaricia, se le fecunda, se le ama. Por eso ustedes quieren que la tierra sea suya de verdad y no prestada. Para quererla... Si vieras cómo responden. Saben que es verdad."

Supe entonces que era el candidato que el PAN necesitaba para dar un jalón de arrojo a una historia de excesiva prudencia y discreción. Nunca imaginé la que armaría junto con los otros dos ingenieros: Cárdenas y Castillo.

En un medio político acostumbrado a la manipulación y a la mentira, dio una lección de sencillez, espontaneidad y hombría. En la futura historia de la democracia mexicana aparecerá sonriendo, echado p'adelante y sin rajarse. Así hay que recordarlo.

Miguel Palacios Macedo ha dicho que el mejor Vasconcelos, el Vasconcelos del 29, actuaba más por "pálpito que por cálculo". Clouthier hizo lo mismo. con pálpito logro resultados prácticos más firmes que los de aquel Madero culto. No es casual: tenía el corazón más grande que su cuerpo.

Pérdida democrática irreparable

Heberto Castillo
El Universal

Me había comprometido a describir en artículos sucesivos, la entrega que a la iniciativa privada nacional y extranjera hace de Pemex el gobierno de Salinas. Este debiera ser el tercero de una serie de cuatro o cinco. Pero el hombre propone y Dios dispone, como me han dicho mis coterráneos veracruzanos cuando juntos a veces soñamos en voz alta en desterrar el caciquismo, la violencia asesina y en impedir que Laguna Verde contamine de radioactividad nuestro ambiente.

También se dice lo mismo cuando muere algún amigo, para recordar cuán pequeña es la posibilidad de que sigamos existiendo si se toma en cuenta que hay miles de enfermedades que nos amenazan y que podemos perder la vida en uno de tantos y tantos accidentes fatales que ocurren en la sociedad moderna.

El hombre propone y Dios dispone. El domingo 1o. de octubre por la mañana, algunos reporteros de la prensa nacional me llamaron para conocer mi reacción por la muerte accidental de Manuel J. Clouthier. Sufrí lo de siempre en estos casos: estupor. No se acostumbra uno a entender que tan natural como nacer es morir. La muerte duele, desconcierta, angustia, lastima.

Por qué, pregunta alguno, le duele si fueron contendientes en la lucha por la presidencia en 1988. Pero más que eso, militaron siempre en bando políticos, ideológicos, económicos opuestos. ¿Le duele que muera un adversario?

Sí, respondo. Y mucho. Ni siquiera en la guerra de una nación contra otra sentiría placer por la muerte de un adversario. No me cabe en la mente. Yo diría que no me cabe en el corazón, ni me cabrá jamás, sentir satisfacción por la muerte de un ser humano.


Pero los adversarios políticos como Clouthier, como algunos de los militantes y dirigentes del PAN, no sólo los estimo sino que los considero indispensables en la lucha por la democracia en México. Sé que quienes luchamos porque ella rija entendemos lo necesario que es la existencia de luchadores políticos como Manuel, Maquío como le decían y le seguirán diciendo sus seguidores. Me duele su muerte, pero me consuela que él deja una legión de luchadores, de adversarios políticos nuestros, en el PAN. Sé que ellos levantarán las banderas que por todo el país, en múltiples y diversos foros, esgrimío Clouthier para defender su derecho a hacer realidad sus sueños.

Si la democracia es la lucha civilizada, ordenada, vital y apasionada por lograr gobernar una nación con las ideas y los programas que uno cree son mejores para la convivencia armónica y digna de sus habitantes, Clouthier se sumó a esa lucha democrática con pasión en los tres últimos años de su existencia.

No estuvimos de acuerdo con él en muchas cosas. Nuestros programas económicos fuero encontrados. Pero ambos consideramos necesario luchar por establecer el sufragio efectivo. Esa es una coincidencia que hay en los partidos donde ambos militamos, el PAN y el PRD.

En su lucha partidaria Clouthier no fue un combatiente que diera cuartel, y a veces pagaba la solidaridad con ataques virulentos. Pero así es la política. Así la entiendo yo. La pasión nos hace ser injustos a veces no sólo con los adversarios, son con los que combaten como compañeros en nuestra propias trincheras.

Alguna vez me desplacé de México a Ciudad Juárez y a Chihuahua sólo para pedirle a combatientes panistas encabezados por Luis H. Álvarez que no llevaran su huelga de hambre hasta la muerte. Les pedí que mejor lucharan hasta el último de sus días por la causa en que creían. Por fortuna levantaron su huelga y siguieron su lucha.

Clouthier murió trabajando por su causa, defendiendo sus banderas, una soleada mañana del mes de octubre. ¿Cual forma mejor de morir pudiera desear un gladiador que en el campo de batalla?

Duele sí, que no durara más combatiendo. Para mi fue grato polemizar con él antes, cuando militaba en el campo empresarial, y después, cuando luchamos como candidatos a la presidencia.

Con Clouthier coincidimos en el esfuerzo por lograr una reforma política y electoral que garantice la imparcialidad en los instrumentos que organicen, supervisen y califiquen las elecciones. Luis H. Álvarez mantiene una posición clara al respecto.

Confió en que, haciendo honor al compañero desaparecido –compañero mutuo en la lucha por la democracia– la dirección del PAN será consecuente y no admitirá que el PRI controle los organismos electorales.

Mis sentidas condolencias a la grande y hermosa familia de Manuel J. Clouthier. A los de su sangre y a los de sus ideas.

octubre 02, 1989

Manuel Clouthier, Maquío

Carlos Castillo Peraza
Octubre 2, 1989
La Jornada

Los accidentes automovilísticos han sido calificados de absurdos, desde Albert Camus. Nada hay de absurdo en la muerte. Hay un jardinero al que ninguna fruta se le cae verde, y ninguna se le pudre en la rama. Manuel Clouthier del Rincón ha muerto en el tiempo exacto de una cronología cuyos misterios nos escapan, pero que no es la del sinsentido.

El recorrido de Manuel Clouthier del Rincón, Maquío, es relevante. Estudiante, dirigente estudiantil, esposo y padre, dirigente de organizaciones católicas, promotor y cabeza de organizaciones sociales de su medio –el empresarial, el de padre de familia–, participante en luchas cívicas locales –la de los agricultores, la de la denuncia y combate civiles al narcotráfico, etc.– aguerrido líder empresarial y, finalmente, destacado abanderado político. Me atrevería hasta afirmar que, en México, al política de la época posrevolucionaria tiene un antes y un después de Clouthier.

Con Maquío terminó la época en que los hombres de empresa aceptaban en silencio la condición de víctimas eventuales y cómplices permanentes del gobierno. No es que hubiese sido el primero ni el único empresario que militara en la oposición, pero a él le tocó –después de probar otros caminos y vivir en carne propia el fracaso de éstos– dar el paso público más notable en este ámbito. Viniendo de donde venía, fue notable y generó al mismo tiempo seguidores y críticos, en su medio y fuera de este, Incluso en el interior del partido que escogió para actuar políticamente, hubo quien lo rechazara en un principio. Poco a poco, su bonhomía y su capacidad de escuchar, su sentido autocrítico y su innegable amor por la libertad fueron aplanando obstáculos. Por su parte, fue disciplinado de la más noble manera a la dirección de Acción Nacional, y dio vigor y empuje nuevos a la presencia panista.

Me tocó tratarlo de cerca. Me correspondió invitarlo al PAN cuando era el máximo dirigente empresarial del país y aún confiaba en López Portillo y, con razones, me hizo ver que no creía en el camino político. Sin embargo, manifestó su convicción democrática al precisar que, en sus empresas, nadie sería objeto de reacción alguna si optaba por cualquier partido político que fuese. Y puedo asegurar –hasta donde puedo saber– que así fue. De allí que, a pesar de las acciones mezquinas y bajunas de que fuera víctima como empresario, lograra sostener las unidades de producción que creó y que, por fidelidad a su propia opción, luego tuvo que vender. En este, como en otros campos, supo pagar el precio de sus decisiones. Y lo hizo con generosidad y alegría ejemplares. Nunca lloró por las naves que decidió quemar.

Su personalidad y su estilo no eran agradables para muchos. Se le solían atribuir intenciones que jamás tuvo –como la de aspirar a la presidencia del PAN– y se le caricaturizó a veces de manera inicua. Él caminaba. Bastaría seguir el hilo de sus discursos para descubrir su evolución y entender los temores y los temblores que generaba en los timoratos, en los pesimistas, en cierta burguesía a la que su compromiso inquietaba, por sentirse dueña de toda bondad y amenazada en su supuesta posesión de todas las virtudes, incluidas las no menos supuestamente cívicas. Se esforzó en superar las limitaciones intelectuales políticas que no negaba suyas. Devoraba papeles ynotas con el mismo entusiasmo pantagruélico con que comía. Hablaba "como ranchero" y tenía amigos fidelisísimos en los medios más extraños para quien ve el mundo a través del lente de los estereotipos. Para cambiar una idea, tenía que ser convencido, pero , una vez dato este paso, asumía sin titubeos no sólo la idea, sino todas sus consecuencias.

Fruto maduro. Como también lo era quien, junto con él, encontró la muerte en el mismo vehículo, el ejemplar Javier Calvo Manrique, presidente el PAN en Sinaloa. Vivieron ambos en paz. Los extrañaremos todos. Quienes los quisimos, criticamos y colaboramos con ellos y seguramente, si la mezquindad no le gana la partida a la generosidad, quienes los combatieron y los rechazaron. Poco importa, finalmente, esto último; hay un juez que sa a cada quien exactamente lo que le toca.

Mexican Party Leader Dies in Car Accident

The Washington Post
October 2, 1989

Manuel J. Clouthier, the conservative National Action Party's candidate in the 1988 presidential election, was killed today in a traffic accident in northern Mexico, police said.

A police report said Clouthier and Javier Calvo Manriquez, a National Action Party state chairman, were killed when their car collided head-on with a truck on the highway between Culiacan and Mazatlan in Clouthier's home state of Sinaloa.

Clouthier finished third in the 1988 election, won by the current president, Carlos Salinas de Gortari, and widely criticized as fraudulent. After his defeat, Clouthier campaigned against election fraud.

Mexican opposition chief dies in car crash

Philip Bennett, Globe Staff
The Boston Globe
Octubre 2, 1989

MEXICO CITY - Manuel J. Clouthier, a robust tomato farmer who emerged during Mexico's 1988 presidential race as one of the country's most colorful politicians, died yesterday in an automobile accident, a spokeswoman for the opposition National Action Party said.

Clouthier was killed in a head-on collision near the town of El Salado in Sinaloa, his home state on the Pacific coast, while being driven to a rally at a baseball park in Mazatlan, his party said. A state congressman for the party, Javier Calvo, also was reported killed.

Clouthier, who was 55 years old, finished third in the official vote count last year as the candidate for the right-of-center party, which is known as the PAN.

But he denounced the election results as fraudulent and continued to rail against the government as leader of the PAN's "alternative Cabinet."

His death came at a time of uncertainty for the PAN, which was founded 50 years ago as a conservative alternative to the ruling Institutional Revolutionary Party. After decades of finishing second, the PAN was supplanted as the largest opposition force by a leftist coalition in the 1988 elections.

But the PAN earned 101 congressional seats in 1988, more than ever before. In July the party won the governorship of Baja California in the first statewide victory by an opposition candidate to be recognized under a political system that took hold in 1929.

Clouthier was a fiery orator whose earthy imagery, and relentless ridicule of the ruling party, electrified crowds. Bearded and weighing more than 250 pounds, known by the nickname "Maquio," he cut an image supporters loved of a self-described "barbarian" come to liberate Mexico from its political dynasty.

Actually, he was a millionaire farmer, principally of tomatoes. From a patrician family in northern Mexico, descended from French immigrants, he attended high school in California and held a degree in agronomy from the Monterrey Technical Institute. He had 10 children.

After the 1988 election, in which he was given 17.1 percent of the vote, Clouthier joined Cuauhtemoc Cardenas, a leftist opposition leader who finished second in official tallies, to protest the victory of President Carlos Salinas de Gortari and to push for change of the electoral law.

Efforts by Clouthier to organize a vast campaign of civil disobedience after the election failed to produce a sustained movement.

"This is very painful for us," said a PAN representative, Luisa Maria Calderon, as word of Clouthier's death reached party headquarters. "He was totally committed to the party and worked with such energy."

Ironically, as president Salinas has adopted policies similar to some advocated by Clouthier in his campaign. The president has reduced the state's role in the economy and wooed private business groups and the United States.

Manuel J. Clouthier, 55; ran for Mexican presidency in '88

Chicago Sun-Times
Octubre 2, 1989

MEXICO CITY Manuel J. Clouthier, the conservative National Action Party's candidate in the 1988 presidential election, was killed Sunday in an auto-truck accident in northern Mexico, highway police reported.

Carlos Salinas de Gortari, the candidate of the governing Institutional Revolutionary Party (PRI), won the presidency with slightly more than 50 percent of the vote, while Clouthier placed third with 17 percent.

Clouthier, a wealthy businessman, was 55.

A police report said Clouthier and another politician of the National Action Party (PAN) were killed when their car was in a head-on collision with a truck on the highway between Culiacan and Mazatlan in Clouthier's home state of Sinaloa. It said the accident occurred shortly before noon, but gave no other details.

Silvino Silva, editor of the newspaper Noroeste in Culiacan, said police identified the other victim as Javier Calvo Manriquez, the National Action state chairman.

"Apparently, Calvo was driving. They were on their way to Mazatlan to meet with Ernesto Ruffo (governor-elect of Baja California)," Silva said in a telephone interivew.

Although Clouthier's third-place finish in 1988 had been disappointing for PAN, his party made history with Ruffo's July 2 win in Baja California.

Ruffo will become the first opposition state governor in Mexico in six decades when he is installed in office on Nov. 1.
Clouthier and Ruffo were campaigning in Sinaloa for their party's candidates in races for 18 city mayors Oct. 15.

After his defeat in 1988, Clouthier continued to campaign against election fraud, which he said had kept the PRI in power for 60 years. At one point, Clouthier staged a hunger strike at a major highway intersection in downtown Mexico City.

In the 1988 balloting, Cuauhtemoc Cardenas, a breakaway member of PRI, came in second at the head of a leftist coalition with 31 percent of the vote.

Clouthier had worked to unify his fractious PAN into a growing political force and rally Mexico's splintered conservatives.

Born June 13, 1934, in Culiacan, the Sinaloa capital, Clouthier ran for governor there in 1986 but lost to a PRI candidate.

He was a fan of American football, which he played in high school and for six years in a football league. He was graduated from the Technological Institute of Monterrey and was a leader of the Mexican Employers' Federation council for more than 10 years.

He is survived by his widow, Leticia Carrillo de Clouthier.

Comentarios de Miguel Ángel Cornejo sobre liderazgo

Monitor
Octubre 2, 1989