julio 06, 1998

'Lo más seguro es que a mi padre lo asesinaron': dice Manuel Clouthier Carrillo, nueve años después

Ismael Bojorquez
Proceso

Al público, desde la semana pasada, "El Maquío Clouthier, la biografía"

CULIACAN, SIN.- A casi nueve años de la muerte de Manuel J. Clouthier, el carismático líder panista que le disputó la Presidencia de la República a Carlos Salinas de Gortari, su hijo Manuel Clouthier Carrillo sostiene que fue asesinado:

"No contamos con nada sólido que permita sustentar nuestra hipótesis, que no es exclusiva de nosotros, pues fue primero del pueblo La gente en México cree que fue un crimen. Nosotros mismos rechazamos esa posibilidad en un principio, Pero se nos cayó el velo cuando en la carretera Costera un automóvil siguió a mi hermana Tatiana y estuvo a punto de provocar un 'accidente'."

Esas mismas dudas son planteadas en el libro El Maquío, Clouthier, la biografía, escrito por Enrique Nanti, que Editorial Planeta acaba de poner a disposición del público.

Clouthier Carrillo explica: "Creo que lo más posible es que a mi padre lo mataron. En 1979, el PAN acababa de ganar la gubernatura de Baja California. Maquío estaba empeñado en presionar al sistema para que se concretara una reforma electoral integral, una reforma que Carlos Salinas lleva a cabo avalado en principio por el PAN y que según mi criterio fue muy suave. La prueba es que después de ella han ocurrido un montón de reformas más. Eso, creo, no lo hubiera aceptado Maquío en ese momento".

Director general del periódico Noroeste y coordinador de las empresas que la familia heredó del líder panista, Clouthier Carrillo considera que su padre hubiera exigido más de esa reforma.

Recuerda que después de su muerte, Salinas de Gortari retomó varias de sus ideas, pero las aplicó en forma equivocada. Por ejemplo, la privatización fue una política que benefició "a un grupo en particular y ahora resulta que ése es el grupo más poderoso de México".

Informa que la idea del libro surgió "poco después de la muerte de Maquío. En aquel entonces se percibía que algunos grupos del PAN pretendían que su imagen desapareciera. Se trataba de exaltar más la imagen del PAN, se hablaba del no al caudillismo y en ese ambiente como que se pretendió minimizar su figura. Creemos que lo hecho por él trascendió al PAN, en su estilo, en su actuar, en su legado".


A continuación, con la autorización de Clouthier Carrillo, se reproducen partes fundamentales del libro.

La última cena

"Estos hijos de la chingada creen que mi dignidad tiene precio, No entienden que habemos hombres que somos como los toros de lidia, que cuanto más los pican, más embisten". Estas fueron las palabras que Maquío vociferó irritado al entrar a su condominio de la Ciudad de México ante el gesto perplejo de su séptimo hijo, Juan Pablo, quien por entonces estudiaba mercadotecnia y compartía con su padre el departamento. Esa noche llegó desencajado. Era diciembre de 1988 y acababa de tener una segunda reunión con el ya entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, Si bien no reveló detalles del encuentro, se veía irritado, fatigado.

La contundencia de la expresión grave con que sacudió las paredes de la sala, en vez del saludo habitual de cortesía, dejó definitivamente en claro que habían intentado sobornarlo. ¡Enorme imprudencia con un hombre de su tamaño!

Más cerca del cielo que del suelo, Maquío ostentaba altura (1.84 metros) y era fornido como un luchador oriental de sumo, como un peso pesado en el cuadrilátero de la vida. Tenía el cabello encanecido de la misma textura que su barba idealista. Su nariz aguileña de gladiador romano (siempre al sur de los ojos verdes aguamarina) explicaba tal vez el privilegiado olfato político con que aventajaba a sus adversarios. Maquió resonaba estentóreo en cada rincón popular de un México amordazado, sometido, subyugado. Anfibio de alma, corsario y agricultor, navegaba el mar con la segura agilidad del pez y andaba sobre la tierra con la prolífera humildad de la semilla. Las calles y las causas constituían su escenario. Confiaba en la gente ("¿Si no, en quién?", decía) como en sí mismo. Su ámbito eran los ámbitos; su sueño, los sueños. En sus manos amplias, las filosas puntas de lanza de sus dedos chuecos perforaban al sistema, acusaban y exigían, apaciguaban muchedumbres, señalaban el camino dirigiendo la marcha.

Sólo se compra lo que se vende, y él nunca estuvo en oferta. ¿Cómo cotizar en bolsa la convicción? ¿Cuál brutal insolencia pudo confundir la dignidad y la estructura ética de Manuel J. Clouthier con la barata fragilidad de cualquier cosa en venta? Era el Maquío...

En pie de lucha

Después de su discurso del 8 de septiembre en la Cámara de Diputados, Manuel Clouthier (reciente candidato panista a la Presidencia de la República) dio por terminadas las acciones de resistencia civil activa, y pacífica contra el fraude electoral del 6 de julio de 1988, y anunció la puesta en marcha de una campana permanente por la instauración de un régimen democrático en México. Mientras sus de tractores esperaban que regresara a Culiacán y a sus negocios (por entonces, reducidos a su mínima expresión), no sólo no tomó el descanso, sino que comenzó a concebir la forma de arrancarle al gobierno el compromiso de democratizar el país. Sin embargo, contra sus predicciones, una inoportuna infección en las vías urinarias lo obligó a someterse a un estudio médico. Maquío se jactaba de no haber dejado de trabajar un solo día por alguna dolencia. Solía manifestar: "El líder no se enferma ". El 15 de septiembre, horas antes de ir a dar el grito en la Columna de la Independencia frente a una multitud de 30,000 personas, hizo erupción su malestar físico. Luego de su internación y tratamiento en Tucson, Arizona, volvió a la pelea. Los reporteros que lo esperaban en el aeropuerto de México se abalanzaron a preguntarle:

--Ingeniero, ¿de qué lo operaron?

--¡De un huevo! --replicó, desconcertando a todos con su audaz sinceridad--. Yo sí puedo decir que la campaña presidencial realmente me costó un huevo...

Desde el 26 de octubre anunció, a través de una conferencia de prensa, su regreso a la lucha sin espíritu de revancha, aunque decidido a exhortar al pueblo para que exigiera el respeto a su voluntad. Estaba claro que ni Manuel Clouthier ni el Partido Acción Nacional (PAN) aceptaban como verídicas las versiones oficiales acerca de los resultados electorales. Así se lo comunicaron al presidente electo, Carlos Salinas de Gortari, en una misiva firmada por Abel Vicencio Tovar (secretario general del partido). A esta carta, Salinas respondió predispuesto a debatir con la oposición y propuso intercambiar impresiones en los temas de interés para la democracia:

--Buscamos con todas las fuerzas políticas del país dar nuevos pasos que nos lleven a un diálogo respetuoso --dijo Salinas.
El 21 de noviembre de 1988, Maquío tituló su artículo semanal en El Universal, donde habitualmente colaboraba los miércoles, "México entero sigue en pie de lucha". En él confirmó su deseo de reintegrarse antes de la toma de posesión presidencial para encabezar alguna forma de protesta. Dice: "Nuestro objetivo debe ser cambiar las leyes electorales, castigar a los delincuentes que cometen el fraude al alterar el padrón. En fin, hacer todo lo necesario para evitar la burla pre y pos electoral". Concluyó: "Termino de escribir este artículo después de haber sido operado. Mi salud se está recuperando, y espero estar en la Ciudad de México el día 1 de diciembre para encabezar las protestas contra los usurpadores del poder. Recordemos que sólo está derrotado quien ha dejado de luchar, y nosotros seguimos en plan de lucha."

El 1 de diciembre, Carlos Salinas de Gortari asumió la Presidencia de la República. En el discurso inaugural anunció su voluntad de construir tres acuerdos nacionales: para la estabilidad y el crecimiento económico, para la ampliación de la vida democrática y para el bienestar social.

Antes de que el presidente Salinas llegara al Congreso de la Unión a colocarse la banda presidencial, el coordinador de los diputados de Acción Nacional, Abel Vicencio Tovar, subió a la tribuna y sentenció:

--El origen del nuevo gobierno y de su presidente es y será ilegítimo hasta el fin de los tiempos. Sin embargo, existe la posibilidad de que las acciones del gobierno de facto puedan legitimarse en el ejercicio del bien común.

Simultáneamente al discurso de toma de posesión, Manuel Clouthier y Luis Alvarez (presidente del partido) condujeron una manifestación de repudio por la avenida Insurgentes, la cual terminó en el sur de la ciudad, frente al monumento del general Alvaro Obregón. En el mitin, Maquío anunció cuál iba a ser su posición personal y la de su partido con respecto de la administración naciente.

Al día siguiente se llevó a cabo, en el Salón de los Acuerdos de Palacio Nacional, la primera entrevista formal entre el presidente y los dirigentes del PAN. Sobre ese encuentro La Nación, órgano oficial del PAN, dijo: "(...) Los temas a tratar eran obvios: la reforma de la Ley Electoral Federal, la apertura de los medios de comunicación, las elecciones locales del 4 de diciembre, y el mensaje de Salinas que abrió las posibilidades al diálogo". En él, se acordó formar una comisión plural para analizar la modificación del Código Federal Electoral (lo que se transformaría para el Maquió en la causa de su lucha), tomando en cuenta las iniciativas panistas que se presentarían en las próximas semanas. Luego de reunirse en privado con Alvarez y Tovar, Salinas se despidió comunicando su deseo de tratar en forma directa (siempre que el partido lo creyera conveniente) los asuntos que preocuparan a Acción Nacional y fueran trascendentes para el fortalecimiento de la vida democrática en el país.

"A morír..." (La huelga de hambre)

Era evidente que el gobierno pretendía ganar tiempo. Por otra parte, algunos panistas sospechaban que Clouthier había tomado, con esta actitud, una postura demasiado personal que arrastraría al partido a una confrontación, sin dejar que se sentaran las bases del diálogo con el presidente. Quizá la desconfianza obedecía a pequeños recelos, fruto de la incomprensión que provocan los gestos heroicos.

Más de un millar de pensamientos quedaron grabados en un libro de visitantes, los cuales todavía hoy atestiguan la sentida y conmovedora adhesión popular con la que Maquío contó en esa batalla. Durante ocho días pasaron por su tienda (trinchera ideológica de un hombre dispuesto a morir por la patria) campesinos, intelectuales, ciudadanos humildes y adversarios políticos, entre los cuales se encontraron Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y Rosario Ibarra de Piedra (dos de sus contrincantes presidenciales en las pasadas elecciones). El apoyo social iba ascendiendo "peligrosamente". La posibilidad de que Clouthier recibiera la Nochebuena en su tienda de campaña alimentó el deseo de muchos simpatizantes de hacerle compañía y, en el gobierno, generó una tensa expectativa. La festividad navideña con tintes políticos podía desfavorecer la imagen del reciente mandatario. Como temía los intrépidos planes del Maquío (sabía que hablaba en serio), la administración decidió respetar las victorias de Acción Nacional (aunque no todas las que le correspondían) y prometió convocar al Congreso de la Unión a celebrar un periodo extraordinario de sesiones para elaborar una nueva legislación electoral. La obstinada firmeza del líder comenzaba a recoger la siembra.

El 22 de diciembre, la Secretaría de Gobernación, a través de Fernando Gutiérrez Barrios, anunció una consulta pública para reformar el Código Federal Electoral a partir del 9 de enero de 1989 y el comienzo, desde el 1 de junio del mismo año, de un periodo extraordinario de sesiones en la Cámara de Diputados, donde se presentaría la iniciativa de ley que modificaría el ordenamiento. Entre otros puntos, el comunicado oficial manifestaba: "La intención del gobierno federal es que exista un diálogo permanente con los diferentes organismos de oposición". Remataba utópicamente: "(...) y se propongan reformas para mejorar la participación política ciudadana, y se garantice la expresión auténtica de la voluntad popular".

Satisfecho de medir fuerzas con la flamante gestión de gobierno, Manuel Clouthier levantó su ayuno a las 22 horas del mismo día. Para la familia y los amigos íntimos, fueron instantes difíciles. La incertidumbre sobre el estado de salud, aunada a las declaraciones a la prensa en las que reafirmaba su intención de llevar la huelga, si fuera necesario, hasta más allá de la Navidad, inquietaba a su gente en Culiacán.

Dudas y conclusiones

Conjeturas, sospechas y más sospechas rodean las circunstancias de su deceso. ¿Qué argumento pericial explica su rostro despreocupado y su brazo relajado pendiendo sobre la ventanilla del carro al momento de encontrarlo? Ateniéndonos a la versión oficial, debieron hacer varias maniobras violentas para recuperar el control perdido del vehículo. ¿Cómo se justifica la reparación y limpieza urgente de la cinta asfáltica, con lo cual fue borrada toda huella, toda prueba del escenario, y se consiguió que la investigación se cerrara en escasos días? ¿Qué apuro intrigante había?
¿Por qué la reacción del PAN fue tenue? ¿Ignorancia, complicidad, miedo, ingenuidad o respeto? ¿Por qué el partido no insistió en exigir una autopsia o, al menos, una averiguación profunda, sabiendo que la familia, impactada y afligida, había dispensado de ella por no hallarse en condiciones anímicas de reclamar? ¿Por qué, muerto el líder, Acción Nacional aceptó la cláusula de gobernabilidad de la reforma de 1990 y la quema de los paquetes electorales (supuestamente fraudulentos) de la contienda de 1988?

¿Cómo se entiende, si el lugar de la tragedia fue una carretera internacional usualmente concurrida, la ausencia total de testigos presenciales? ¿Casualidad?

¿Por qué hoy, familiares, amigos, simpatizantes e infinidad de ciudadanos comunes (tres de cada diez mexicanos) presumen que no fue un accidente? ¿Por qué Dios (o quien sabe quién) eligió un domingo para que como buen labriego, Maquío subiera a descansar perpetuamente?