febrero 01, 1999

El Maquío Clouthier - La biografía

Enrique Nanti
Contenido
Febrero 1, 1999

Vida, aventuras y muerte de un hombre que --en un medio político acostumbrado a la manipulación y la mentira-- dio una lección de sencillez, espontaneidad y hombría.


Estos creen que mi dignidad tiene precio. No entienden que hay hombres que somos como los toros de lidia, que cuanto más los pican, más embisten." Estas fueron las palabras que "Maquío" vociferó al entrar a su condominio de la ciudad de México. Esa noche llegó desencajado. Era diciembre de 1988 y acababa de tener una reunión con el presidente Carlos Salinas de Gortari. La contundencia de la expresión, dejó en claro que habían intentado sobornarlo.

Después de su discurso del 8 de septiembre en la Cámara de Diputados, Manuel Clouthier (reciente candidato panista a la Presidencia de la República) dio por terminadas las acciones de resistencia civil y pacífica contra el fraude electoral del 6 de julio de 1988 y anunció la puesta en marcha de una campaña permanente por la instauración de un régimen democrático en México. Mientras sus detractores esperaban que regresara a Culiacán y a sus negocios, no sólo no tomó un descanso, sino que comenzó a concebir la forma de arrancarle al gobierno el compromiso de democratizar el país.

El 26 de octubre anunció su regreso a la lucha sin espíritu de revancha, aunque decidido a exhortar al pueblo para que exigiera el respeto a su voluntad. Ni Manuel Clouthier ni el Partido Acción Nacional aceptaban las versiones oficiales acerca de los resultados electorales.

El 1 de diciembre Carlos Salinas asumió la Presidencia. Antes de que llegara al Congreso a colocarse la banda presidencial, el coordinador de los diputados del PAN, subió a la tribuna y sentenció:

--El origen del nuevo gobierno y de su presidente es y será ilegítimo hasta el fin de los tiempos. Sin embargo, existe la posibilidad de que las acciones del gobierno de facto puedan legitimarse en el ejercicio del bien común.

Al día siguiente se llevó a cabo la primera entrevista formal entre el presidente y los dirigentes del PAN. Se acordó formar una comisión plural para analizar la modificación del Código Federal Electoral.

Como se atenía a lo concertado en la reunión, Manuel Clouthier esperó los sucesos del domingo 4 de diciembre, cuando se efectuaron las elecciones en Guanajuato, San Luis Potosí y Jalisco. Los abusos y las ilegalidades dominaron la escena electoral. Triunfos apabullantes para el PRI, alguna que otra victoria para la oposición y un sinfín de protestas. Después de una semana de litigios entre el PAN y el gobierno, "Maquío" decidió ponerle un ultimátum al oficialismo para que acatara el compromiso asumido.

El 14 de diciembre se instaló en una tienda de campaña a la sombra del Angel de la Independencia. ¡Había empezado su huelga de hambre! Durante 8 días pasaron por su tienda campesinos, intelectuales, ciudadanos humildes y adversarios políticos. El apoyo social iba ascendiendo "peligrosamente". La posibilidad de que Clouthier recibiera la Nochebuena en su tienda de campaña alimentó el deseo de muchos simpatizantes de hacerle compañía y, en el gobierno, generó una tensa expectativa. La festividad navideña con tintes políticos podía desfavorecer la imagen del reciente mandatario y la administración decidió respetar las victorias de Acción Nacional (aunque no todas) y prometió convocar al Congreso de la Unión a celebrar el periodo extraordinario de sesiones para elaborar una segunda legislación electoral.

El 22 de diciembre la Secretaria de Gobernación anunció una consulta pública para reformar el Código Federal Electoral y un periodo extraordinario de sesiones en la Cámara de Diputados, donde se presentaría la iniciativa de ley que modificaría el ordenamiento.

Dos días después de que Clouthier levantó la huelga llegó la Navidad. Con la sensación de haber cumplido su deber al conseguir una victoria parcial, "Maquío" estaba de nuevo en Culiacán.

Optimista como siempre, sereno, anfitrión en su propia casa, platicaba las experiencias del reciente ayuno y acerca de la continuidad que debía imprimirle a su causa social. El padre, el líder, el marido, el hijo, el ingeniero Manuel Clouthier, anticipó esa noche sus corazonadas...

A la mitad de la velada, cuando sus descendientes le reclamaban más tiempo con la familia, "Maquío", pausado y terminante, profirió:

--Les pido disculpas, les pido perdón por aquello en lo que haya fallado como padre, sobre todo con los más chicos que no pude atender como hubiera deseado. Yo ya no puedo venir a encerrarme. Ya cumplí mi función en la casa. Yo ya no soy indispensable aquí. Debo de estar ahora donde más me necesitan, con la gente. He entrado en un camino sin regreso. De aquí en adelante no cuenten conmigo. Deberán apoyarse entre ustedes.

Pero faltaba más. Maquío guardaba para el final de la cena un postre dramático con el que insistió sobre su premisa navideña.

--Entiendan mis hijos que yo ya me fui. Esta es la última Navidad que vamos a pasar juntos. Son enormes los riesgos de la actividad política de este país, especialmente si se asume un papel reformista. No sé cuándo ni cómo voy a terminar, pero deben estar preparados para ese momento.

Quedó claro que, aunque pudiera costarle la vida, "Maquío" estaba dispuesto a emprender un viaje sin retorno.

Con padre y abuelos paternos originarios de Culiacán y madre y abuelos maternos originarios de Sonora, el 13 de junio de 1934 nació Manuel Jesús Clouthier del Rincón, el "Maquío", como se le conociera más tarde. Caminó pronto, como si intuyera el largo recorrido que le esperaba. Fue al jardín de niños en el Colegio Monferrant de Culiacán e hizo la primaria en el Colegio Cervantes de los hermanos maristas.

Cuando Clouthier contaba con apenas 8 años, su madre tomó la decisión de divorciarse de su padre. María Cristina del Rincón Bernal se escapó a Guadalajara con sus 3 hijos.

En Guadalajara María Cristina conoció al doctor Rodolfo Cruz Barba, con el que se casó al día siguiente de la sentencia legal del divorcio. Los 3 hermanos residieron por un tiempo bajo el amparo del nuevo matrimonio. Esto acabó cuando la pareja tuvo que irse a Ayutla, pequeño pueblo de Jalisco. "Maquío" fue internado en el Instituto de Ciencias de Guadalajara del que fue expulsado por escaparse.

María Cristina se comunicó con el padre de sus hijos (Manuel Clouthier Martínez de Castro) para exigirle que se hiciera cargo de su educación. De esta manera, los hermanos "Coco" y "Maquío" (Cristina se quedó con su madre) fueron trasladados en 1947, a la secundaria Brown Military Academy de Los Angeles.

Los niños alternaban sus vacaciones entre la casa paterna en Culiacán y la de su mamá en Guadalajara. En 2 ocasiones a sus padres se les olvidó enviar por ellos en Navidad y "Coco" y "Maquío" debieron pasar las fiestas en un establecimiento estudiantil vacío.

María Cristina tuvo otros 4 hijos con el doctor Cruz: Rodolfo, Draja, Alejandro y Marcela. Los medios hermanos de "Maquío" tendrían posteriormente una significativa participación en su vida. Por su parte, Manuel Clouthier Martínez de Castro cuando ya era un hombre maduro, contrajo nuevo matrimonio y no dejó más descendencia.

"Maquío" se hizo cargo, en un sentido paternal, de su madre y de sus 4 medios hermanos. Formó una relación más intensa y su identificación más personal con Draja.

En 1951 ingresó como interno del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey. Dos años después se vio en la puerta de la elección profesional. "Maquío" no dudó. Sería ingeniero agrónomo fitotecnista y podría dedicarse, como sus antepasados, a la agricultura en Culiacán. En 1957 Manuel Clouthier se recibió de ingeniero agrónomo. Tenía 23 años y un sinfín de ideales apremiantes lo inflamaban. El flamante ingeniero agrónomo se instaló en su ciudad natal. El propio Clouthier recordaba:

--De las tierras del patrimonio familiar, mi padre me había reservado 70 hectáreas. De inmediato comencé a sembrar arroz.

Le falta de liquidez le obstaculizaba la siembra y los procesos posteriores. Se dirigió a un banco en busca de su primer crédito, pero el requisito para otorgárselo era un aval. Prometiéndose que sería la última vez en su vida que le pediría ayuda, no tuvo más remedio que recurrir a su progenitor.

El 13 de junio de 1959 (el mismo día que Maquío cumplió 25 años) contrajo matrimonio con Leticia Carrillo Cázares: --Nos fuimos de luna de miel a Estados Unidos --rememoraba Clouthier años después--. Cuando regresé a Culiacán, llegué dispuesto a seguir sembrando, pero mi padre me sugirió que investigara el negocio de los fertilizantes. Un ingeniero Cabrera, representante de una firma gringa de fertilizantes, me ofreció asociarme con él. Gané toda la lana del mundo; incluso más de lo que tengo ahora, pues muchos de mis negocios han quebrado.

Lo que más asombraba a la señora Carrillo era la entereza de su marido, su corazón enorme, tan enorme como su carácter y su cuerpo. Desde un principio, incluso antes de casarse, Clouthier impuso 2 condiciones que Leticia debía aceptar. Una era que dado que él consideraba a sus medios hermanos como sus hermanos, estaba decidido a ayudarlos siempre que ellos lo requirieran. La otra, una familia numerosa: quería tener 12 hijos, y poco faltó para que lograra su propósito.

A cada uno de sus medios hermanos los ayudó oportunamente. Draja Cruz del Rincón se refiere a ello:

--Él nunca perdió el contacto con mi madre ni con nosotros. Cuando yo estaba en segundo de secundaria andaba bastante desorientado, pensando en dejar de estudiar y fue "Maquío" quien me motivó a seguir en la escuela. Me dijo: "Sé que tú quieres superarte y puedes. Te voy a pagar la escuela que tú quieras, pero ten en cuenta que no mantengo vagos; o estudias o trabajas." De ahí en adelante saqué siempre los primeros lugares.

Más adelante Draja se transformó en administrador de los negocios de "Maquío" y su hermano Rodolfo se ocupó de los asuntos técnicos.

El sueño de una familia numerosa y formalmente constituida comenzaba a materializarse. El 19 de septiembre de 1960 inauguró su paternidad con Leticia María, a quien siguió Manuel Jesús, Luego nació Eric Enrique, después Rebeca, a quien siguió Tatiana.

A mediados de 1965 nació Cid Esteban, quien se asemejaba en carácter e inteligencia a su incansable progenitor. Este hijo sería el protagonista de un abrupto golpe a la moral de la familia y a la de "Maquío". Cid, a los 11 años, tras una reprimenda paterna, tomó un cinturón y se ahorcó en su habitación.

Cara a cara con la muerte, todos conocieron de golpe el dolor de perder a un pariente cercano. El ingeniero reunió a sus hijos y les dijo:

--Dios tiene maneras de decir las cosas y, a lo mejor, ésta fue una. Nuestra tarea es tratar de interpretar qué quiso decimos. Cid ya no va a estar físicamente con nosotros, se fue con Dios. Pero nos va a acompañar siempre. No hay que estar tristes. Él va a estar muy contento porque ahora va a disfrutar de muchas cosas --recuerda Lorena, 3 años menor que Cid.

Un año después del nacimiento de Cid, Juan Pablo vio la luz. En mayo de 1968 vinieron al mundo las mellizas Lorena y Lucía y en 1974, nuevos mellizos, Irene y Ricardo. Aunque no alcanzó la cifra de 12 hijos, "Maquío" consideró que 11 era una cantidad aceptable y más que suficiente.

Uno de los hechos que seguramente influyó en el espíritu de "Maquío" fue su acercamiento a la religión. Empujado por Jorge del Rincón, asistió a los cursillos de la cristiandad en la diócesis de Culiacán y a otras reuniones donde se analizaba el comportamiento cristiano y se establecían objetivos para llevarlo a cabo. En Sinaloa, "Maquío" y Leticia liderarían el Movimiento Familiar Cristiano.

Su viuda considera este momento un punto esencial en la vida de Clouthier.

De esto puede deducirse que conjugó sus propias inquietudes con las del catolicismo. Es en esta época cuando digiere la doctrina social de la Iglesia católica (que luego aplicó a la política) y se sumerge en la intensa lectura de vidas de personajes históricos y contemporáneos. Su convicción religiosa y su apertura intelectual para conocer diversas ideologías edificaron gran parte de su singular personalidad, de su peculiar idiosincrasia.

De aquellos tiempos queda el recuerdo del maratón radiofónico que encabezó "Maquío", en 1960, con la aspiración de reunir fondos para la construcción del seminario. Clouthier intercedió ante las autoridades del clero para proporcionar a los seminaristas una mejor educación.

El reclamo generó cierto intercambio de opiniones con los miembros del Opus Del, quienes conducían el Instituto Chapultepec, donde sus hijos comenzaron a estudiar la primaria. La negativa del colegio de aceptar como alumnos becados a los seminaristas enojó a Clouthier, que resolvió retirar a sus niños del establecimiento, por considerar que no debían ser educados en un ambiente elitista. De ahí en adelante, sus hijos cursarían la primaria en escuelas públicas.

"Maquío" gozaba el tiempo que compartía en familia, disfrutaba los fines de semana en Altata (una bahía a 60 kilómetros de Culiacán), donde se retiraba para relajarse, guisar él mismo sus platos favoritos, bucear, divertirse, reflexionar y tomar decisiones trascendentes.

Amaba el mar tanto como la tierra. En su velero, escoltado por alguno de sus hijos, se pasaba horas disputándole un espacio a las olas del Pacífico. Si bien rara vez liberaba un "te quiero" o un beso espontáneo, sus hijos fueron entendiendo, con el avance de los días, el profundo amor que lo movilizaba.

Amaba a su familia y a su país con vehemencia. Sin autoritarismo, pero con un estilo muy enérgico, instruía a su progenie con base en la verdad, la fe y la inalterable unidad. Regía la vida de sus hijos dentro de una libertad medida (y a veces desmedida), confiando en su sentido común.

Como es previsible en una familia numerosa, sucedían peleas a cada instante. Lorena revive la conducta de su padre en esos casos:

--Cuando el pleito era de pegarse, nos llevaba a su cuarto, agarraba un cinto y a una le ordenaba: "Acuéstate" y a la otra le daba un cinto y decía: "Bueno, le vas a pegar 3 cintarazos con lo que tú quieras, con la hebilla o con lo que sea, fuerte o despacio, como se te dé la gana. Con eso se desahogan y luego la otra va hacer lo mismo y ahí se acabó el pleito." Claro que la que pegaba primero lo hacía suavecito, apenas un golpecito para que después no se lo devolvieran muy fuerte. Ahí se acababa el pleito y nos íbamos.

Contrario a lo que pueda imaginarse de alguien que manifiesta ambiciones grandiosas, para Clouthier el dinero tenía un sentido muy especial. Decía a sus hijos: "El dinero es redondo, por lo tanto tiene que rodar", esto no implicaba la posibilidad de derrocharlo sino, más bien, de darle uso adecuado a las necesidades.

En el marco de sus deberes morales no cabían los regalos, mucho menos las prebendas, por lo que mostraba clara reticencia a complacer a los demás con costosos obsequios. Por ejemplo, aun cuando sus posibilidades económicas le permitían adquirir autos costosos, optaba siempre por los más austeros.

Leticia reconoce que de cada viaje "Maquío" traía algún presente para los niños y para ella y resalta: --Casi siempre eran cositas chiquitas, de poco valor material; cosas que a él le gustaron, generalmente producto de la habilidad artesanal que admiraba. Quizá fuera una cosita hecha de alambre, por dar un ejemplo, y él la mostraba fascinado.

Desde su llegada a Culiacán Manuel Clouthier se involucró directa e indirectamente en actividades de liderazgo social particularmente en asuntos del campo. Asistía a las reuniones celebradas por la Asociación de Agricultores del Río Culiacán y, a pesar de las reiteradas invitaciones que sus componentes le hacían para que participara más activamente, mantenía su distancia. Pretendía edificar una posición fuerte para sí y para su familia que, por cierto, ya estaba programada a lo grande...

En 1971, cuando hubo elecciones en Culiacán, "Maquío", a sus 37 años, era ya una figura pública debido a su participación en diversas organizaciones intermedias y las vinculadas al agro local, estatal y nacional. Contaba con un fuerte apoyo de los agricultores de la región. Se propuso entonces conseguir la alcaldía de la ciudad.

Enrique Murillo recuerda que lo notaba muy inquieto y, sabiendo de la búsqueda del bien que siempre motivó a Clouthier, no dudó en acompañarlo, junto a un grupo de amigos y compadres que se movieron, para lograr que"Maquío" fuera candidato del PRI. Incluso Jorge del Rincón, su tío, de clara filiación panista, apoyó los movimientos para ese fin.

Los esfuerzos de Clouthier no rindieron los frutos esperados. En la convención del PRI en Mazatlán, se descartó de plano al ingeniero y se eligió al doctor Mariano Carlón López. "Maquío" se decepcionó porque no comprendió el juego político del PRI y, de ahí en adelante, se distanció del partido oficial. En tal sentido, se quejó en rueda familiar: --No es ahí por donde voy a poder hacer algo por el país. No estoy dispuesto a pagar el precio.

En el comienzo de la gestión de Echeverría, Roberto Guajardo, presidente de la Coparmex, consiguió una entrevista para los sinaloenses con el mandatario, para exponerle la problemática del estado, sobre todo en el tema del narcotráfico.

Enrique Murillo presidía la Cámara de Comercio de Culiacán y "Maquío" la Unión Nacional de Productores de Hortalizas. Llevaron a Los Pinos un exhaustivo estudio que confirmaba la influencia directa de los narcotraficantes en las acciones de violencia que atemorizaban a la sociedad. Al parecer, simpatizaron con el presidente, quien de allí en adelante los convocó a menudo a Los Pinos o para que lo acompañaran en sus giras estatales.

Murillo y Clouthier en ocasión del cambio de gobierno de Sinaloa y conforme a la familiaridad expresada en la relación con el presidente, le sugirieron el perfil que debía guardar el futuro gobernador del estado y, en tal sentido, disertaron con Echeverría durante casi 3 horas.

--El resultado fue que pusieron a Alfonso Calderón, que era todo lo contrario de lo que habíamos propuesto. No quisimos seguir perdiendo el tiempo con el presidente y dejamos de asistir a Los Pinos --relata Murillo.

A pesar de las grandes satisfacciones obtenidas por Clouthier en todos los ámbitos en que se arriesgaba, las circunstancias políticas se empeñaban en someterlo a las más duras pruebas. No sólo en lo personal era atacado sin piedad desde el periodismo tendencioso, sino que sus empresas fueron el blanco perfecto para los disparos que pretendían quebrar su ánimo emprendedor y su creciente liderazgo. A partir de los últimos años de Echeverría, cuando ya se le veía como un líder aguerrido, los negocios del ingeniero resintieron el ataque de un sistema que él mismo confrontaba.

Su hermano Rodolfo Cruz dice que padecían "Huelgas fabricadas, auditoría tras auditoría, permisos que se tardaban todo el año en concederse, contratos con Conasupo que se rompían". "Maquío" tuvo que vender algunas empresas en épocas previas a su candidatura presidencial y pasó a nombre de sus hijos las que sobrevivieron a la crisis nacional.

Durante las invasiones en el campo, pequeños grupos usurpaban lotes vecinos, pero el grueso de la gente, muy bien organizada, irrumpía en las tierras de Clouthier. Tanto Ramón como Toño (empleados de confianza), resaltaban que el ingeniero salía a enfrentar a los intrusos pidiéndoles razones, apelando a sus conciencias... Sin miedo pero con energía, los instaba a retirarse, aunque sin resultados.

Las medidas represivas aplicadas a la persona de Clouthier, se veían tan obvias como indignantes en su atención. Aunque siempre se defendió legalmente, las autoridades evadían la responsabilidad y las irrupciones seguían sucediéndose.

Lejos de amedrentarse, "Maquío" se metía cada vez más de lleno en el liderazgo activo de los organismos nacionales, realimentando su convencimiento de la urgente necesidad de transformación de la sociedad y aceptando el costo financiero exagerado que le tocaba pagar.

Si bien el daño a sus negocios ocasionado por el gobierno fue sustancial, en quienes lo conocieron existe la certeza de que su propia desvinculación de la actividad privada, más algunos yerros administrativos, disminuyeron su capital. También se sospecha que "Maquío" había perdido casi todo el interés por el estado de sus empresas para depositario en su causa política.

Mientras se agravaba la situación en el campo y la economía mexicana en general, comenzaron a publicarse desplegados de prensa mediante los cuales los agricultores exigían protección y estímulo a las formas de tenencia de la tierra. Demandaban el castigo a los responsables de las invasiones y de la consecuente paralización de las labores agrícolas que representaban considerables pérdidas financieras, ya no sólo para el propietario, sino para el agro en su totalidad. En Sinaloa, el ex líder obrero ascendido a gobernador, Alfonso Calderón, justificaba las irrupciones como motivadas por "la desesperación de los campesinos que, desde hacía años, esperaban un pedazo de tierra". Este clima propagaba descontento en el empresariado, mermando la inversión privada.

El respeto ganado durante su participación en las organizaciones agrícolas convertían a Clouthier en un líder natural entre sus pares agricultores, quienes observaban azotados la manera autoritaria con que pretendían despojarlos de sus derechos. "Maquío", junto a los dirigentes de la CAADES y otros agricultores, se movilizaron creando métodos de resistencia contra las políticas agrarias de Luis Echeverría. Desde su puesto de presidente del Consejo Coordinador Empresarial del estado, "Maquío" aunaba las voluntades de los empresarios afectados por las medidas incautatorias y participaba enérgicamente en las reuniones realizadas por la Coparmex.

A 3 meses de terminar la gestión de Echeverría, el peso mexicano se devaluó a la mitad. Estas circunstancias dieron paso a rumores de inestabilidad institucional y posibles golpes de Estado. La ruptura entre el gobierno y el sector privado ya era un hecho consumado.

En Sonora, donde se expropiaron tierras, los campesinos exigieron una solución a sus demandas y amenazaron con invadir todo el valle del Yaqui, lo que llegó a concretarse a manos del Frente Campesino Independiente. Echeverría continuó alentando las ocupaciones, que pronto abarcaron 8,000 hectáreas del valle del Carrizo, Sinaloa.

Ramón López, mayordomo del rancho "Paralelo 38", propiedad de Clouthier, señala que "Maquío" siempre les hizo frente a los usurpadores: --Lo mortificaban mucho; el gobierno, las invasiones. Él mismo se ponía a plantar los tomates. Yo recuerdo una vez cuando nos llamaron muy temprano porque se estaban metiendo en el campo. Ya andábamos regando, el terreno estaba preparado y se metían los invasores. Me llamó el ingeniero: "Ramón, ven pa'acá, júntate a la gente", y entonces les dijo: "Muchachos, me están invadiendo la tierra; yo voy ahorita a defenderlas, pero me gustaría que ustedes salieran a defender su trabajo". Cuando llegamos, ya habían sacado los tractores que estaban haciendo los bordos; él agarró una charola con plantas, se quitó los zapatos y con una pala se puso a plantar. Uno de los invasores se le atravesó diciéndole: "Aquí no pasa". Clouthier nomás le dio un empujón y por allá fue a dar el hombre. Esa vez vinieron los reporteros. Ya estaba hastiado, cansado de tanto batallar.

El arribo de José López Portillo a la Presidencia significó un aliciente esperanzador para la sociedad mexicana en su conjunto. El empresariado confiaba en las intenciones del nuevo mandatario, que reconocía la crisis económica nacional y se proponía zanjar las diferencias sociales heredadas y efectuar el cambio necesario para emprender el camino hacia el progreso. En función de sus promesas de remediar los daños, los empresarios le brindaron apoyo, ofreciendo nuevas inversiones y avalando el plan del gobierno llamado "Alianza para la Producción". Para 1977, tras la dura batalla contra las medidas del anterior régimen, el sector privado se mostraba fortalecido tanto ideológica como políticamente.

La Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) promovió el proceso de transformación que sacó del marasmo al empresariado y lo colocó en una posición activa de compromiso social. En 1977, Andrés Marcelo Sada, presidente del sindicato patronal que fue calificado de "traidor a la patria" por el ex presidente Echeverría, obtuvo el premio al "mejor ejecutivo del año".

En 1978 Sada perseveraba en el empeño de presionar a los hombres de empresa que se mantenían quietos e indiferentes. No resultaba fácil, en vista del valor y la entrega de Sada, encontrar al que lo sucediera en el cargo. Se acercaban las elecciones y comenzaban la búsqueda de una personalidad que estuviera a la altura del presidente saliente de la Coparmex y de las circunstancias del país.

Como estaba centralizada en el DF, las mismas personas presidieron la confederación durante largos periodos indefinidos. Esto cambió con la convención de 1974, cuando quedó establecido que cada gestión iba a durar un año. En 1976 se eligió a Andrés Marcelo Sada para que promoviera transformaciones conceptuales fundamentales y le diera paso a "Maquío" en lo que seda su ingreso definitivo a la escena política nacional.

El analista político del sector, Federico Muggemburg, declaró que la presencia de Clouthier en las reuniones de la Confederación era significativa dada la firmeza y claridad de sus exposiciones. En una ocasión, al preguntarle Muggemburg a Edmundo Meuchi (que fue el principal ideólogo de la Coparmex) sobre la identidad de aquel audaz dirigente, recibió como respuesta: "Pues es uno de los hombres más valientes que tenemos en México". Tal definición evidencia la fama que se ganó Clouthier a través de sus acciones tenaces contra toda injusticia y, en especial, en defensa de la tierra en épocas de Echeverría.

Se dice que existía un pacto no escrito entre los empresarios de Monterrey y los del Distrito Federal, por el cual las presidencias se alternaban (un periodo era presidido por un regiomontano y el siguiente, por un defeño). Sada no quería entregársela a los del DF y tampoco podía dársela a los de Monterrey pues, como él era de allí, se rompería el pacto. La designación de Clouthier, entonces era la más acertada pues no afectaba a ninguna de las partes. El propio Clouthier analizó más tarde su elección:

--Yo estaba totalmente fuera de la jugada. Vino la elección a la presidencia que dejaba Andrés Marcelo. Nadie daba un cinco por mi candidatura para sustituirlo y mucho menos yo, que ni siquiera la buscaba.

A esas alturas, "Maquío" contaba con 10 años de liderazgo dentro del sector privado. De todas maneras, no estaba tan convencido de aceptar el puesto y puso la propuesta a consideración de los suyos: --Esa fue la primera vez que se hizo consulta familiar para contraer un compromiso --señala su esposa Leticia.

De allí en adelante, ese sería el método adoptado por Clouthier ante cada definición de trascendencia. Antes de escuchar la opinión de sus íntimos, les dejó en claro las ventajas y desventajas del cargo. Aún así, los suyos coincidieron en respaldarlo, con la convicción de que no podría suceder nada peor a lo ocurrido en el sexenio anterior. También consultó a su amigo y compadre, Enrique Murillo:

--Lo discutimos mucho cuando se la ofrecieron. Precisamente le preocupaba tener que lidiar con los representantes de los grandes capitales que tendían, por conveniencia, a aliarse con el gobierno. Yo creo que, al Final de cuentas, hubo 2 factores que lo decidieron: uno fue que el cargo le iba a permitir estar más metido en el medio empresarial y, en segundo lugar, que eso lo ayudaría para su fin último, que era la política.

El 10 de marzo de 1978 el ingeniero Manuel Clouthier asumió la presidencia de la Coparmex. Apegado a su condición de innovador y desde el cargo que ocupaba, Clouthier dio rienda suelta a sus convicciones, generando nuevas formas de organización que tenían que ver más con la ideología empresarial que con las formas de estructurar el organismo. Durante su gestión se registraron logros importantes, como la creación de centros empresariales y el aumento de la membresía. Sin dejar de lado sus orígenes de agricultor, continuó la lucha por mejorar las condiciones de la agroindustria. Se consolidó entonces el Departamento de Asuntos Agrarios, dirigido por Adalberto Rosas, el cual es recordado por resistir con valentía la política expropiatoria en Sonora, en tiempos de Echeverría.

"Maquío" pensaba que el campo construía un factor esencial en el desarrollo económico de la nación y bregaba constantemente por recuperar el tiempo y el dinero perdidos con las últimas políticas agrarias. Se pronunciaba por promover el acceso de sociedades mexicanas o extranjeras a la actividad agrícola. Su relación con el presidente López Portillo se basaba en la plática razonable y la conjunción de intenciones de progreso nacional. Sin embargo, Clouthier planteaba con energía las demandas del sector privado y marcaba los errores que existían en la administración.

A pesar del boom petrolero, la economía del México de 1978 no mejoraba, ya que se basaba en el expansionismo y el incremento del gasto público. Esto desencadenó un fuerte déficit presupuestal que se financiaba con la adquisición de créditos internacionales (abultando la deuda ex-tema) y la impresión de dinero, lo cual generaba la espiral inflacionaria.

Algunos columnistas (portadores de la verdad oficiaD culpaban al sector privado de no cumplir sus promesas de inyectar capitales y de ser los causantes del alza de los precios. Estas declaraciones periodísticas eran avaladas por los sindicatos y ampliadas por los dirigentes gremiales en frondosas críticas y denuncias contra los líderes empresariales. Clouthier afirmó: --El único responsable tic la política económica del país es el gobierno y no los empresarios. No puede achacársenos la responsabilidad de la inflación.

El ingeniero se opuso al aumento salarial por decreto (el incremento, según él, debía ser negociado de acuerdo con las posibilidades de cada empresa), así como al seguro de desempleo. Estos conceptos fueron hábilmente utilizados para "probar su falta de solidaridad social". No bastaban sus argumentos prácticos para acallar las voces discordantes.

Entre otras deficiencias que debían corregirse, criticó a las universidades llamándolas "lúmpenes de degradación". Por supuesto, esta frase obtuvo una rápida reacción. También se pronunció en contra de algunos medios de comunicación que distorsionaban la información de tal manera que el resto del país recibía datos erróneos de lo que acontecía en la capital. Los peculiares enunciados de Clouthier se transformaban en el blanco perfecto para descargar la artillería periodística. Sin embargo, trataba de encaminar su esfuerzo y el de sus representados sin confrontar al gobierno.

En sus mensajes Clouthier instaba al compromiso político de los empresarios. Sus reflexiones le valieron algunas adhesiones y otras disidencias. De todos modos, explicaba que el empresario debía comprometerse, pero de forma particular y no en representación del organismo al que pertenecía.

En 1980 al concluir su mandato en la Confederación, Manuel J. Clouthier se fue con la admiración y el respeto de sus compañeros y con la certeza de haber iniciado un camino sin límites en la esfera social. También fue asistido por el reconocimiento del presidente López Portillo, quien, en la asamblea de la Coparmex, hizo uso de la palabra:

--Es estimulante y conmovedor descubrir al ser humano. Yo confieso mi emoción al escuchar la voz de un hombre sincero y digo que, en el ejercicio de su libertad, asume sus responsabilidades como hombre, como jefe de familia, como miembro de una comunidad política y como participante de un gremio. Celebro que en México puedan oírse voces sinceras y limpias como las que acabamos de escuchar.

Tras su periodo en la Coparmex, "Maquío" presidió por un año el Grupo Mexicano del Comité Bilateral de Hombres de Negocios México-Estados Unidos. Esta actividad le permitió prestarle mayor atención a sus empresas y pasar mis tiempo en Sinaloa, con su familia, la cual codiciaba el regreso definitivo de Clouthier a su casa. El sacrificio familiar había sido demasiado grande y todos los miembros esperaban compensarlo con una marcada presencia paterna. Sin embargo, el recreo no duraría demasiado pues, en 1981, fue convocado para dirigir el CCE (Consejo Coordinador empresarial).

Confiaba en limar las asperezas con el gobierno de López Portillo y se explayó en favor de unir las voluntades contra el populismo para lograr la recuperación de la economía nacional.

La prensa que seguía de cerca cada acto de Clouthier, no tardó en mostrar el descontento que su presidencia en el CCE provocaba en algunos sectores. En febrero de 1982 ocurrió una devastadora devaluación de la moneda y el primer mandatario (que había prometido "defender el peso como un perro") intentó poner en marcha un programa de ajuste de la política económica, para lo cual requería el respaldo del ámbito privado, cuyos conductores se manifestaban en contra de la administración y, por lo tanto, eran escépticos en cuanto a las iniciativas presidenciales. En Cancún, durante la asamblea en que fue elegido Emilio Goicoechea para presidir la Concanaco, López Portillo pronunció otro discurso emotivo y logró renovar el aval de los empresarios, quienes fueron alentados por Clouthier a "jugárselas otra vez por México".

En el verano de 1982, preocupado por la situación económica, Clouthier le envió al presidente López Portillo una carta personal, en la que, con patriótico optimismo, le sugería que nunca era demasiado tarde para corregir y que si rectificaba el rumbo contaría con todo su apoyo para lograrlo. Pasando sobre las buenas intenciones de Clouthier, el mandatario insistid en achacarle a los bancos privados la responsabilidad del infortunio financiero, por lo que en su último informe de gobierno, en septiembre de 1982, anunció la nacionalización de la banca. "Maquío" no podía creer que fuera cierto. Estaba en contra de la estatización porque atentaba contra lo que defendía: la libertad y, sobre todas las cosas, la autonomía de las empresas, principio que abanderó históricamente. Afirmaba que la expropiación violentaba la legalidad constitucional del país.

Comenzó entonces un movimiento de resistencia. Se conformó un grupo de dirigentes que convocaron a la gente a unas conferencias que titularon "México en la libertad". A pesar de que los perjudicados por la decisión oficial fueron los banqueros, se negaron a defenderse y a ejecutar acciones que el sector empresarial había empezado a poner en marcha.

El ingeniero Manuel Clouthier Carrillo (hijo mayor de "Maquío"), a propósito de la nacionalización de la banca mexicana, le reclamó a su padre la inacción de los dirigentes que habían permitido la consumación del hecho.

"Maquío" le aclaró que eran los propios perjudicados quienes no querían defenderse y los que lo habían frenado con un "párele Clouthier, ya viene el que sigue y con él nos arreglamos", y que el líder no podía ser más que su base porque se quedaba solo.

Su hijo cree que, a partir de ese momento, su padre decidió dar el paso político. Su esposa explica:

--Lo que más le dolió fue que quiso intervenir con los bancos y ellos no quisieron. No entendía eso.

Ya instalado el nuevo presidente, Miguel de la Madrid, los empresarios solicitaron una cita formal para verlo. Este los regañó, advirtiéndoles que no quería enfrentamientos.

El fin del periodo de "Maquío" en el CCE era ansiado por su familia. El día de su llegada a Culiacán se organizó una cena con socios, amigos y familiares. Todos se reunieron para agasajar al luchador empedernido, encarnizado, que volvía a descansar.

La década de los 80 se caracterizó por el despertar de una conciencia colectiva que, a través de diversos reclamos democráticos, propició una auténtica intervención cívica. Ya desde las elecciones regionales de 1983 se había notado la creciente influencia política de un partido de oposición que aparecía como alternativa posible. Fue en ese año cuando las cifras de los sufragios mostraron que el PAN se había consolidado como una de las fuerzas de mayor capacidad de convocatoria en varios puntos de la república.

Desde los organismos que presidió, Clouthier no había cesado en el esfuerzo de estimular continuas transformaciones sociales, tanto en Sinaloa como en México, reconociendo que la gente debía involucrarse más activamente en la vida pública, ya sea como perfil de oposición o de gobierno (algo que aún no había considerado para sí mismo, pues hasta entonces había preferido el frente empresarial). Luego de un prolongado proceso de lucha interior, se definió. De ahí en adelante, se ocuparía de la política... Tiempo después recordaba:

--Yo le conocí las entrañas al sistema y lo que vi no me gustó. Fue entonces cuando entendí que México necesitaba un cambio político desde afuera.

Unicamente la ideología del PAN pudo seducirlo. Estampó su firma, se afilió a un sueño y empezó otra lucha. Su decisión no fue difícil porque en el partido halló conceptos que él ya conocía como miembro del Movimiento Familiar Cristiano. "Maquío" justificó su ingreso manifestando: --En sus principios de doctrina encontré plena coincidencia con lo que pienso y he defendido durante toda mi vida.

En un mitin en Mérida anunció públicamente su incorporación a Acción Nacional. La carta estaba jugada. El compromiso era inminente.

Se acercaban las elecciones de 1986 en las que se disputaría el gobierno de Sinaloa. El PAN proclamó candidato a Manuel J. Clouthier. Tras obtener la aprobación familiar, se lanzó a la búsqueda de apoyo financiero entre empresarios, profesionales, agricultores, hombres y mujeres de la región.

El lema de la campaña fue: ""Maquío" Clouthier, porque tiene valor". Con esta premisa se encaminó a la concientización de su gente. En muchos casos obtuvo logros pero también cometió algunos desaciertos. Durante toda su vida, "Maquío". quien a decir de sus allegados hacía de la amistad una virtud, cosechó amigos y compadres entre los agricultores más prósperos de su entorno. Convocó a estos amigos y compadres a una cena, para anunciarles su ingreso a la política y su firme propósito de buscar la gubernatura de Sinaloa por Acción Nacional. Les comunicó sus intenciones, proponiéndoles, en cierta forma, una definición. Para su sorpresa, se la negaron, arguyendo diversas razones (entre otras, "que no los forzara").

Al poco tiempo, el candidato del oficialismo, Francisco Labastida Ochoa. agrupó en un evento de promoción. organizado por Roberto Tamayo en casa de Daniel Cárdenas (respectivamente, un compadre y un amigo de "Maquío", presentes en la cena antes mencionada), a algunas personalidades del estado para pedirles su respaldo público y económico. A los 2 días en un desplegado de apoyo firmado por los asistentes a la reunión priista que se publicó en la prensa, Manuel Clouthier reconoció a algunos de aquellos "amigos" que no le tendieron la mano...

El largo camino que comenzaba a recorrer lo animaba a dejar de lado los tragos adversos para cobrar nuevos ímpetus de lucha. El afecto y la confianza demostrados por la gente que se sumaba a su esfuerzo cooperaron para que pronto superara el dolor de la deslealtad.

Durante la campaña de Sinaloa hubo manifestaciones difamatorias contra Clouthier vertidas desde el oficialismo, agravios personales, intimidaciones a los electores y a los propios candidatos y desplegados de prensa de uno y otro lado, atacando o defendiendo sus posiciones. El gobernador del estado, Antonio Toledo Corro, hizo declaraciones que acusaban a "Maquío" de proveer información al periodismo de Estados Unidos sobre supuestos fraudes electorales y complicidad de las autoridades con el narcotráfico. Con relación a esto, "Maquío" profirió: --A mí que me esculquen; que me demuestren todos los sambenitos que me cuelgan. Si tuviera cola que me pisaran, ya me hubieran metido al bote. ¡Y los reto a que me metan!

El oficialismo agotó los recursos que tenla a la mano para impedir la difusión del mensaje del PAN y de Clouthier. Luego vendría la prepotencia oficial. Hay que subrayar la actitud valiente de varias empresas y educandos que no cedieron al chantaje.

Clouthier especificó las acciones cometidas contra el PAN: a última hora, borraron del padrón electoral a cientos de panistas que, por ese hecho, ya no pudieron actuar como representantes de Acción Nacional en las casillas. En este marco llegó el domingo 26 de octubre de 1986. A pesar de la vigilancia de las organizaciones cívicas y la atenta mirada de la prensa, quedaron asentadas actitudes autoritarias y numerosas anormalidades como cambios de casillas sin previo aviso, presidentes de las mismas sin nombramiento y votantes sin credenciales, hasta las urnas sin sellar y la expulsión de representantes del PAN de varias casillas.

Según las cifras oficiales, Francisco Labastida Ochoa, obtuvo 392,263 votos, contra 163,649 de Manuel J. Clouthier.

El PAN recurrió a las máximas autoridades para denunciar las irregularidades del proceso. En un comunicado, "Maquío" estableció su compromiso de seguir en la lucha por lograr el acatamiento al sufragio efectivo. Insistió en sostener su posición de triunfo en el estado y se mostró decidido a todo con tal de que se aceptara su victoria. Por ello recorrió la república con la intención de difundir por todas partes la problemática sinaloense y obtener la solidaridad moral del resto de los mexicanos. Su ánimo efervesció más aún cuando conoció las declaraciones del oficialismo. l PRI aseguraba que en Sinaloa había ganado "con carro completo" las presidencias municipales.

La acción más ensordecedora fue la movilización del 20 de noviembre de 1986, en la que 30,000 simpatizantes desfilaron por las calles de Culiacán en respaldo a "Maquío", mientras en varias ciudades del país se celebraban a su vez concentraciones similares. 1987 se presentaba agitado. La deuda externa y los hechos de corrupción de los malos gobiernos priistas provocaban el empobrecimiento cada vez mayor de miles de mexicanos y la nación entraba en un auge de civismo rebelde contra los fraudes acontecidos.

Se acercaban las elecciones presidenciales y el PAN avanzaba y se posicionaba con un crecimiento inusual. A la luz de un liderazgo evidente, el nombre de Clouthier comenzó a retumbar en la cabeza del partido. No sólo era reconocido debido a la lucha que encabezó por la gubernatura de Sinaloa sino que había cosechado el respeto de un vasto sector de la sociedad. "Maquío" fue elegido candidato a la Presidencia de la República por Acción Nacional.

"Maquío" tendría que batallar duramente contra las difamaciones que se propiciaban desde el régimen como clara manifestación del temor oficial. Entre otras imágenes, se pretendía mostrar a un empresario "preocupado por sus propios intereses", a un Clouthier "resentido", y "violento".

Acción Nacional debía enfrentar al aparato oficial, que sustentaba a Carlos Salinas de Gortari, y a las fuerzas de oposición al gobierno que postulaban a Cuauhtémoc Cárdenas, del Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional; Heberto Castillo, del Partido Mexicano Socialista; Rosario Ibarra de Piedra, del Partido Mexicano de los Trabajadores.

A la vez que caminaba por todo el país manifestando sus propuestas, organizaba foros y conferencias donde exponía los puntos de la política que quería aplicar en el futuro inmediato.

A pesar de no haber sido nunca propenso a exteriorizar sus sentimientos, "Maquío" recibió incontables dosis populares de cariño que lo dejaban desarmado. Ese efecto le confirmó reiteradamente la nobleza de la causa que abanderaba. Sus manos no se daban abasto para estrechar las manos desesperadas. Él y su pueblo ya comulgaban en un mismo sueño...

El 6 de julio de 1988, a las 10 de la mañana, Manuel Clouthier se dirigió a votar. Para el mediodía, los reportes que se recibían de todo el país mostraban irregularidades. Al anochecer, aún sin conocer los resultados, algunos medios ya se anticipaban hablando de la victoria apabullante de Carlos Salinas. Estos comunicados enardecieron a los comisionados de la oposición, que recibieron noticias de fraude, urnas embarazadas, expulsión de representantes de las casillas, electores sin credencial. Pasadas las 5 de la tarde, se informó: --El sistema de cómputo se cayó.

Para las 19 horas del 7 de julio aún no había cifras precisas. El 13 de julio se proporcionaron oficialmente a la prensa los resultados generales de los comicios en todo el país: para Salinas el 50.36% de los votos, para Cárdenas el 31.12%, para Clouthier el 17.07%, repartiéndose entre otros candidatos el resto de los votos.

La primera acción de resistencia civil fue movilizarse y reclamar al presidente Miguel de la Madrid el cumplimiento de la promesa de auspiciar elecciones limpias. La oportunidad se dio cuando éste se apersonó en el Palacio de Bellas Artes para la celebración de un acto conmemorativo de la Secretaría de Marina.

"Maquío" y su grupo se ubicaron en un punto muy próximo al recorrido que haría el mandatario. Las filmaciones de este suceso dejan percibir el asombro y la preocupación en el rostro del presidente, justo en el instante en que advierte al grupo en la acera. Fue entonces cuando Clouthier levantó un gran cartel que rezaba:

"¡Señor presidente, cumpla su palabra!"

Durante ese mes, sin darse por vencido, "Maquío" siguió animando el movimiento de resistencia y recolectando rúbricas para pedir un nuevo escrutinio. Luego de 2 cartas que envió a De la Madrid, obtuvo por contestación que una vez concluido el proceso sería atendido en audiencia. Clouthier y Acción Nacional veían que no tenía sentido dejar pasar el tiempo. No podían permitir que se calmaran las aguas, por lo que hicieron público otro comunicado al presidente. Este documento titulado "Por la Nación y la Justicia", exponía las irregularidades en los comicios y la demanda popular (respaldada por 2 millones de firmas) de reiterar el llamado a elecciones.

Mientras el PRI recibía cartas de felicitaciones para Salinas de Gortari provenientes de jefes de Estado del exterior, los 3 candidatos de la oposición enviaron a los felicitantes sendas misivas con el título "Ligereza o complicidad", en las que prevenían a los mandatarios que, dadas las deficiencias de la contienda (retratadas puntualmente por la prensa internacional), dichos plácemes quedaban en el terreno de los supuestos hasta que no se aclararan los hechos y que, por ende, "pronunciarse anticipadamente podría interpretarse como ligereza o complicidad con el autoritarismo".

Cuando De la Madrid habló a la Cámara de Diputados el 1 de septiembre para rendir su 6 y último informe de gobierno, al referirse al proceso electoral (aún inconcluso), tuvo que interrumpir el discurso porque los legisladores de la oposición iniciaron una ruidosa protesta vociferando a un mismo ritmo:

"¡Repudio total al fraude electoral"

Este grito fue registrado y luego difundido por todo el mundo.

El 8 de septiembre de 1988 el ex candidato panista fue a defender su postura (por primera vez en la historia mexicana) ante la Comisión de Gobernación de la Cámara, aunque no le permitieron hacerlo frente al pleno de los diputados. Manuel Clouthier presentó un alegato de 22 cuartillas con el objetivo de reclamar la anulación de las elecciones presidenciales, teniendo en cuenta consideraciones desde el punto de vista del marco legal. También exigió la apertura de los paquetes electorales que seguían fuertemente custodiados por el ejército nacional. Hizo referencia a la falta de expresión y de información de que fue objeto en su campaña.

En esta ocasión, "Maquío" insistió en que se habían agotado todas las instancias jurídicas e intentado todos los diálogos posibles sin resultados efectivos. Aseguró que el PAN continuaría persuadido de seguir en el camino de la paz, "que es la tranquilidad en el orden". En uno de los párrafos de su disertación señaló:

--Por eso estoy aquí, hablando a sus razones y a sus conciencias. No ha sido Acción Nacional quien ha creado la desconfianza en la palabra y en el derecho, porque creemos en ambos y no en la fuerza o la violencia. Estoy aquí hablando para exigir respeto a las leyes y sépanlo, mis amigos, ni siquiera en defensa de mi propio caso me separaré de esta historia que me ennoblece y enorgullece, ni de la convicción que me anima. Yo sé muy bien en qué y quiénes he puesto mi confianza, y sé asimismo que tarde o temprano, la fuerza de la verdad acabará imponiéndose.

En los primeros días de enero de 1989, tras el apacible ambiente hogareño en que habían transcurrido las fiestas de Navidad y Año Nuevo, el ingeniero Clouthier retomó sus actividades viajando a Estados Unidos, donde había sido invitado por universidades y centros de estudios. A su regreso, impulsó a la gente a participar en el ámbito político, convocando candidatos sin dejar de observar la evolución del proceso de reforma electoral.

El 19 de enero de 1989, después de anunciar públicamente la creación del gabinete alternativo, "Maquío" se dedicó a ponerlo en marcha. Este gabinete fue concebido como una forma de parlamentarismo inglés adaptado a México, como una idea conciliadora y, a la vez, de oposición constructiva.

El 23 de febrero se instaló formalmente el gabinete alternativo, compuesto de la siguiente manera:

Coordinador general: Manuel J. Clouthier del Rincón.

Política interior: Diego Fernández de Cevallos.

Política exterior: Jesús González Schmall.

Infraestructura, servicios y empresas paraestatales: Fernando Canales Clariond.

Política económica: Rogelio Sada Zambrano.

Política agropecuaria: Vicente Fox Quesada.

Política educativa y cultural: Carlos Castillo Peraza.

Política social: María Elena Alvarez de Vicencio.

Salud y ecología: Moisés Canales Rodríguez.

Secretario técnico: Luis Felipe

Bravo Mena.

En su discurso, Clouthier remarcó los 3 ejes fundamentales del gabinete: "Presentar proyectos de solución a problemas nacionales y medidas alternativas de administración pública; hacer seguimiento permanente de las principales políticas gubernamentales, analizarlas y emitir juicios; plantear y promover nuestras propuestas ante los órganos correspondientes del gobierno (...) Estamos seguros de que tendrá efectos, no sólo electorales sino también educativos, ya que servirá al mejoramiento de nuestra cultura política. Además, los gobernantes estarán sujetos a una vigilancia constante."

El 15 de septiembre de 1989 presidió la sesión solemne del gabinete alternativo en el 50 aniversario de Acción Nacional. En su discurso deslindó la posición del partido respecto del proyecto modernizador de Salinas de Gortari.

--Se me ocurre que esto podría parecerse a una mala copia de la Perestroika de Gorbachov y del economicismo de Pinochet --dijo, aludiendo a la inclinación populista del gobierno de Salinas, que únicamente pretendía buscar el crecimiento financiero del país, sin tener en cuenta ni respetar al ser humano.

Más adelante, "Maquío" retomó la importancia de la reforma electoral como línea de partida para el verdadero progreso de la nación. Continuó deslizándose por la república en apoyo de campañas, esperando las elecciones de Sinaloa programadas para octubre y a las que aspiraba dedicarles un esfuerzo especial. Ya en la cuarta semana de septiembre visitó el Distrito Federal, luego fue a Michoacán, pasó por Guadalajara y por último se dirigió a Culiacán.

Cerca del mediodía de la última jornada de septiembre, "Maquío" arribó al aeropuerto de Culiacán. Manuel hijo fue a recogerlo en la camioneta de su padre. La noche anterior Clouthier había asistido a un evento en Guadalajara junto con su hermana Cristina. Tras una cena en la que no habían faltado las copas, Clouthier llegó a Culiacán algo desvelado.

--¿Cuánto tiempo te vas a quedar? --le preguntó su hijo.

--Vengo a estar toda la semana.

Manuel debía consultarle acerca de distintos problemas que se venían dando en los negocios. Viéndolo agotado y teniendo en cuenta que se quedaría unos días, desistió de entrar en detalles. Tendrían muchos momentos para platicar... Llegando a la casa, su hijo le pidió el carro para irse a pescar al día siguiente: --No sé si te lo puedo prestar porque mañana viajo a Mazatlán y voy a ver si quieren ir tus hermanos y tu mamá. Pregúntame al rato.

En la tarde Manuel fue por la respuesta. Lo encontró viendo televisión: --Llévale el carro. Tus hermanos y tu mamá no pueden ir y me voy con Calvo.

Javier Calvo era el presidente del PAN en Sinaloa. Al otro día tenía cita en el puerto con Ernesto Ruffo Appel, con quien iba a participar en el cierre de campaña de Humberto Rice, para la presidencia municipal. "Maquío" iba porque le tocaba dar el discurso principal en el estadio Teodoro Mariscal.

Enrique Murillo, su mejor amigo y su compadre, recuerda con abatida nostalgia: --La noche anterior al viaje a Mazatlán, llegué a su casa. Entre las cosas que me platicó, me dijo que se sentía en paz con todo el mundo. Y tan a gusto se sentía que pensaba ir a comulgar al otro día antes de salir.

Alrededor de las 11:30 de la mañana del domingo 1 de octubre de 1989, la noticia de un accidente carretero sufrido por el ingeniero Manuel Clouthier y el diputado Javier Calvo Manrique comenzó a ganar las calles de Culiacán. El licenciado Silvino Silva Lozano, director del periódico El Noroeste, fue una de las primeras personas en enterarse. Le encargó a Enrique Murillo la tarea de comunicárselo a la esposa del líder. Por su parte, los hijos se fueron enterando uno por uno.

La conmoción general no sólo sacudió a parientes y allegados, sino también a todo un país que no comprendía su muerte. Según la versión oficial se trató de un accidente (así lo confirmó la directiva del PAN: "Ningún indicio de atentado") ocurrido en el kilómetro 158 de la carretera México-Nogales, en el cual un Dodge Dart conducido por Javier Calvo Manrique perdió el control en una pendiente e impactó contra un camión Torton que circulaba en sentido contrario. Tanto el diputado Calvo como su acompañante, Manuel J. Clouthier del Rincón, fallecieron en el acto.

Si bien la familia Clouthier Carrillo, consternada por el momento, dispensó la autopsia, el informe forense de la Procuraduría estatal certificó que el cadáver del ingeniero Clouthier presentaba 7 fracturas, 2 de las cuales "son la causa directa de la muerte". Media hora después del hecho apareció la primera autoridad a bordo de la patrulla 52 de la Dirección de Seguridad Pública Municipal. A la semana, el caso fue oficialmente cerrado.

En la mañana del sepelio (martes 3 de octubre), el secretario de Gobernación, Fernando Gutiérrez Barrios, llegó en representación del presidente Salinas (quien se hallaba en el extranjero) a expresar las condolencias del gobierno. Coincidió en el despacho de "Maquío" con Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, Porfirio Muñoz Ledo y Rafael Rangel (rector del TEC de Monterrey), entre otras personalidades. El encuentro entre el secretario de Gobernación y la familia fue particularmente duro. Tatiana, al oír las palabras de reconocimiento a "Maquío" vertidas por Gutiérrez Barrios, lo interrumpió iracunda para darle a entender que ahí no era bienvenido.

Una vez en el panteón, hubo más manifestaciones de dolor despojadas de hipocresía, veraces, legítimas, compungidas, como la de Juan Pablo: --El mejor homenaje que pueden hacer a mi padre es la reforma electoral. ¡Háganla!

El funeral fue impresionante. Alguna vez "Maquío" dijo a su esposa, refiriéndose al día de su propia muerte:

--Mira, Culiacán ya es muy grande como para que caminen. Cuando yo me muera, ¡todo mundo en carro! Una moto adelante y nada de interrumpir el tráfico. Si me muero en la mañana, me entierran en la tarde; si por algo no me pueden enterrar en la tarde, en la noche cierran la capilla y se van a dormir, para que al día siguiente estén descansados y no anden haciendo papelitos ridículos, ni desmayándose ni nada. Van y me entierran.

Ninguna de sus pretensiones pudo llevarse a cabo. Una turba apesadumbrada lo impidió. Su gente (sus amigos), coreando su nombre y ansiosa de darle el último adiós, escoltó el féretro envuelto en la bandera nacional y aguardó hasta que lo vio regresar a la tierra...

--Cuando vimos a la multitud sosteniendo el cajón en lo alto, mudándolo de mano en mano, mientras nosotros, la familia, lo esperábamos en la iglesia impaciente, sudados, impotentes, supimos que papá hacía rato que no nos pertenecía. Ahí nos dimos cuenta que él era del pueblo, de los mexicanos --revive Lucía.

--A mi padre lo mataron --afirma Manuel--. Lo amenazaron y no sirvió, lo quisieron comprar y no pudieron. Era un estorbo incontrolable, había que eliminarlo. Era un riesgo para la siguiente elección en virtud de que existía un plan para repetir su candidatura.

Conjeturas, sospechas y más sospechas rodean las circunstancias de su deceso. ¿Qué argumento pericial explica su rostro despreocupado y su brazo relajado pendiendo sobre la ventanilla del carro al momento de encontrarlo? Ateniéndose a la versión oficial, debieron hacer varias maniobras violentas para recuperar el control perdido del vehículo. ¡Cómo se justifica la reparación y limpieza de la cinta asfáltica, con lo cual fue borrada toda huella, toda prueba del escenario y se consiguió que la investigación se cerrara en escasos días? ¿Qué apuro intrigante había?

¿Por qué la reacción del PAN fue tenue? ¿Ignorancia, complicidad, miedo, ingenuidad o respeto? ¿Por qué el partido no insistió en exigir una autopsia o, al menos, una averiguación profunda, sabiendo que la familia, impactada y afligida, había dispensado de ella por no hallarse en condiciones anímicas de reclamar? ¿Por qué, muerto el líder, Acción Nacional aceptó la cláusula de gobernabilidad de la reforma de 1990 y la quema de los paquetes electorales (supuestamente fraudulentos) de la contienda de 1988? ¿Cómo se entiende, si el lugar de la tragedia fue una carretera internacional usualmente concurrida, la ausencia total de testigos presenciales? ¿Casualidad? ¿Por qué hoy, familiares, amigos, simpatizantes e infinidad de ciudadanos comunes (8 de cada 10 mexicanos) presumen que no fue un accidente?

"Maquío" se fue como vivió: sorprendiendo a todo el mundo... ¿De qué raza, de qué estirpe, de qué especie vienen los genios morales, los justos, los excepcionales, los que trascienden en su obra? El mayor mérito de su vida fue que, proviniendo de una clase económicamente acomodada, desarrolló en lo personal una indiscutible sensibilidad social aunque no contaba con el estimulo traumático del resentimiento que suele motivar a los que llegan desde abajo.

Presentía que iba a morir temprano, mucho antes de tiempo. No admitía la idea de envejecer inerme, decrépito y atrincherado, pasivo, inhabilitado por el crepúsculo obligatorio de la senectud. Queda ahora su legado virtuoso, una huella política imborrable, una reminiscencia social que postula las pasiones creativas del ídolo. En cada cosecha agrícola, en cada reivindicación empresarial, en cada plaza pública, los frutos abundantes de su siembra traen su nombre impreso en mayúsculas cual marca de prestigio: "Maquío".

Desde los universos que habita, "Maquío" vigila una causa de vanguardia, una ideología colosal, una lucha transformista que sigue. "Maquío" vigila. ¡A las almas grandes no se las lleva el viento!

Aún subsiste en la memoria auditiva de los que lo aman, la mística didáctica de su expresión:

--Mi lucha no es para que tú creas en mi y en mis sueños, sino para que tú creas en ti y en ras sueños y luches por ellos. Cuando hayas aprendido esto, habrá terminado la misión del "Maquío".

EL AUTOR Y SU OBRA

Enrique Nanti nació en Buenos Aires en 1966 y se crió en Viedma, en la Patagonia argentina. Tras concluir la preparatoria, se inició de manera autodidacta en el periodismo. Fundó y dirigió en su tierra adoptiva el semanario El Mercader (dedicado a anuncios de servicio público) y los periódicos mensuales Gris, Por siento, Mona Lisa y La opción patagónica; también condujo los programas de radio De 7 a la luna y Solos con el diablo.

En Costa Rica fue columnista político de los "diarios La República y Prensa libre y en Sinaloa colaboró con los periódicos El Sol del Pacífico y El Noroeste.

Es autor de 5 libros de poemas y 2 novelas, aún inéditas; también elaboró la biografía del empresario agrícola sinaloense Francisco Echavarría Rojo, de próxima aparición. En El Maquío (1998) Nanti aborda con profundidad los entresijos de la vida del controvertido líder empresarial y ex candidato presidencial por cuya actuación el mapa político mexicano quedó marcado para siempre.