septiembre 30, 2007

Una hija de Maquío Clouthier sacó a la luz un libro sobre su padre


México, 25 Sep (Notimex).- A 18 años de la muerte de Manuel J. Clouthier, uno de los ideólogos más importantes del Partido Acción Nacional (PAN), su hija y heredera política saca a la luz Maquío, mi padre una biografía íntima y a la vez política de esta figura importante en el desarrollo de la vida democrática en México.

La exdiputada federal, Tatiana Clouthier, reúne en esta obra, testimonios, entrevistas, documentos personales y recuerdos de familia; de amigos cercanos y de ella misma.

Lo hace para comprender cómo "desde pequeño este hombre empezó a tomar de diversas fuentes los principios que habrían de fortalecerlo y dar sustento a su existencia hasta realizar finalmente su misión en la vida":

"Abrir un boquete en el sistema político y social mexicano, con el propósito de invitar a cada ciudadano a asumir su compromiso personal de transformación".

Editada por Random House Mondadori, bajo el sello Grijalbo, Maquío, mi padre. El hombre y el político es una semblanza que comienza no en el momento que nace Maquío, sino recordando su muerte a los 55 años, deceso con el cual cumplió una más de sus promesas: "quiero morir joven", solía decir.

Así, Tatiana Clouthier no sólo revisa la vida de su padre, sino la historia de la familia antes de contar con Manuel entre sus miembros, para ir descubriendo en los abuelos y bisabuelos las características que conoció y valoró en su padre.

Desde el detalle de que el hermano menor de Manuel J. Clouthier pronunciara Maquío en vez de Manuelillo, cómo se vio afectado por el divorcio de sus padres; su vida militar en los Estados Unidos, este "singular relato biográfico" se desarrolla en un nivel de cercanía humana al que sólo una hija podía tener acceso.

El liderazgo de Maquío, primero ocurrió en el plano empresarial e inmediatamente después en el político, aunque la autora dimensiona que sus preocupaciones sociales y el amor a su país siempre influyeron de forma determinante en su toma de decisiones.

"En este punto, Maquío, mi padre entrega al lector, la historia pormenorizada de su carrera, detallando sus primeros fracasos y, los logros que le permitieron ostentar la candidatura del PAN a la presidencia de la República (1988-1994), cuya terna de contendientes se completaría con los nombres de Cuauhtémoc Cárdenas y Carlos Salinas de Gortari.

En medio de la incertidumbre que dejara el proceso electoral de 1988 y la idea generalizada de un gran fraude, Maquío encabezó un movimiento de protesta que entre sus más sonadas expresiones tuvo la declaración de una huelga de hambre, marchas y actos de resistencia.

Ello se complementó con la integración de un gabinete alterno, cuyo objetivo fue asentar que el ganador no encabezaba un equipo de gobierno legítimo.

Tatiana Clouthier nació en 1964. Obtuvo la licenciatura en Lengua Inglesa por el Instituto Tecnológico de Monterrey. En la Universidad Autónoma de Nuevo León cursó la Maestría en Administración Pública. Ha participado en organizaciones ciudadanas como Alianza Cívica, Movimiento Ciudadano por la Democracia y en el Grupo San Angel.

También fue Diputada Federal del PAN, partido al que renunció en marzo de 2004 por motivos políticos e ideológicos; luego de su renuncia siguió en el Congreso como diputada federal independiente.

Ha ejercido como traductora profesional y columnista de los periódicos El Porvenir y El Financiero.

septiembre 29, 2007

Manuel Clouthier sigue vigente

Héctor Larios Córdova
El Universal
29 de septiembre de 2007

Con el paso de los años, la obra vital de muchos hombres queda en el olvido. No ocurre así cuando el ejemplo y la esperanza han rendido frutos, cuando se comparte una convicción común, cuando hay coincidencia en el alto deber de servir al país.

Manuel J. Clouthier es uno de esos ciudadanos mexicanos cuya obra vital fue servir y cuyo recuerdo es herencia de entrega, de pasión y de generosidad en el cumplimiento del objetivo que siempre ha guiado los trabajos de Acción Nacional desde el instante mismo de su fundación: acertar en la definición de lo que sea mejor para México.

Quizá la mayor herencia pública de Clouthier son los centenares de ciudadanos que siguieron su ejemplo y decidieron dejar la comodidad de su vida privada para inscribirse y trabajar activamente en organismos de la sociedad y en partidos políticos, muchos desde luego en el PAN, y que han sido la causa eficiente de la democratización y transformación de México.

A la luz del proyecto original del partido, Manuel J. Clouthier vino a ser un eslabón sin el cual no habría contacto entre el ideal democrático y el triunfo democrático. No se puede pasar del deseo a la realidad sin ofrecer un trabajo tesonero y destinado a ser, en palabras de González Luna, “trigo de prueba en el molino de nuestra historia, pues para otros será el pan”. Maquío resulta así un personaje fundamental en la historia y trayectoria de la democracia mexicana. Un ejemplo de energía renovadora de la mística, pues antes en la oposición y ahora en el gobierno “sólo está derrotado el que ha dejado de luchar”.

Maquío sabía que la democracia no se constru-ye con grupúsculos de incondicionales, sino con liderazgos decididos. Nunca creyó en los sectores, las corrientes o los caudillismos; más bien aprovechó prudentemente su auténtico carisma y su indudable liderazgo para fortalecer la lucha democrática; nunca ambicionó ser presidente, diputado o jefe del partido; siempre habló de lo que teníamos que hacer para salvar a México de las garras de la imposición.

El liderazgo de Clouthier jamás pretendió avasallar al partido, justo lo contrario: Maquío luchó por lo mismo que lucharon los fundadores y por lo mismo que hoy debemos luchar nosotros. Para él la primacía era de lo político, lo que requeríamos era democracia para la justicia en la libertad, y la misión era construir un gobierno nuestro, dedicado precisamente a la creación de los medios necesarios para gestionar el bien común, conjugado con las libertades y prerrogativas esenciales de la persona humana.

Clouthier nunca pensó en sobredimensionar al partido, siempre supo que la transformación vendría de la propia sociedad.

Maquío representa una de las grandes etapas en la vida nacional, una etapa que no se agotó en la insurgencia electoral, en la protesta enérgica o en el ejemplo de entrega máxima. Su paso por Acción Nacional significó para el partido adquirir una nueva dimensión política, nuevas posibilidades como alternativa de gobierno y nuevas responsabilidades para llevar a cuestas el trabajo de transformación del país. Además de eso nos enriqueció con nuevas capacidades, métodos y vocaciones.

Sus convicciones personales, sus valores definidos y vividos lo llevaron a dejarnos junto con su esposa Lety otra gran contribución, su familia numerosa, comprometida y formada. Su participación en el Movimiento Familiar Cristiano da claro testimonio de su aprecio por la familia.

Por eso Manuel J. Clou-thier sigue presente en nuestra lucha, en nuestros corazones y en nuestra esperanza. Por eso recordamos toda su entrega por el bien de México. Porque es un vivo ejemplo de que cualquier ciudadano puede asumir los motivos espirituales y convertirlos en acción ciudadana capaz de doblegar los intereses e inercias más retrógrados, como los que hoy frenan la transformación del México ya democrático en un México democrático, justo y libre. No sé cuántos fuimos, pero sí sé que somos miles de mexicanos quienes gracias a Maquío sumamos a las obligaciones y sueños personales y familiares las labores que derivan del amor a su patria y las responsabilidades cívicas de ser parte activa en la transformación y mejora de nuestra nación.

Coordinador del grupo parlamentario del PAN en la Cámara de Diputados

septiembre 26, 2007

Las herencias en disputa

Gonzalo Navarrete Muñoz (*)
Crónicas
yucatan.com.mx
26 de septiembre de 2007


Mediaban los años 80. Caminábamos por el largo lobby del hotel Aristos cuando advertimos que entraba por la puerta del Paseo de la Reforma el rubicundo ingeniero Manuel Clouthier. Tengo la impresión de que estaba rodeado de guardaespaldas pues eran, me parece, los días en que le habían invadido el legendario rancho Paralelo 38 y estaba librando una de sus batallas contra el gobierno autoritario.

Javier Acevedo lo conocía porque algún líder empresarial yucateco se lo presentó. Lo saludamos y, abierto como era, aceptó acompañarnos a la cafetería. Eran otros tiempos: el gobierno tenía un insano protagonismo sobre una economía desbocada con tres dígitos de inflación y devaluaciones recurrentes; el control sobre los precios era una amenaza o una oportunidad para la corrupción.

El sector empresarial, del que era caudillo “El Maquío”, era dueño de un discurso que poseía una justificación histórica que lo hacía cautivador. Los organismos de la iniciativa privada encabezaban con valor una suerte de oposición al sistema autoritario de aquellos años.

La postura de los empresarios se fortalecía con el pensamiento lúcido de Octavio Paz, Enrique Krauze, Gabriel Zaid y otros intelectuales brillantes.

No se puede omitir la participación meritoria de la prensa independiente, que era una minoría y por eso muy respetable. Las palabras francas, nobles y generosas de este voluminoso norteño de ojos transparentes eran seductoras, tanto más para unos yucatecos como nosotros que teníamos el antecedente de la gesta cívica de don Víctor Manuel Correa Rachó y nuestros multiseculares recelos contra el gobierno central.

Recuerdo que Clouthier empezaba sus exposiciones con una frase que resultaba simpática: “Oiga usted mi amigo”. Ya nos lo había advertido don Jesús Reyes Heroles: ni la prensa ni los organismos empresariales eran instrumentos de oposición.

Carlos Castillo Peraza, Porfirio Muñoz Ledo, Heberto Castillo, Manuel Camacho Solís, entre otros políticos con un sentido claro de la historia, nos ofrecieron las alternativas. Se permite repetirlo: al destino le gustan ciertos reivindicaciones. Clouthier contendió por la gubernatura de Sinaloa contra Francisco Labastida Ochoa, perdiendo según se aseguró por los maléficos efectos de un fraude. Años después, el señor Labastida sería el primer priista en perder la Presidencia de la República contra un panista, compañero de valentías de “El Maquío” y miembro de aquel gabinete “alternativo”, Vicente Fox Quesada.

Comentario al margen: durante la campaña del 88 el líder nacional de las juventudes panistas era un muchacho michoacano: Felipe Calderón Hinojosa.

Las masas son impredecibles, de ahí que los que pretendan profetizar sobre ellas se equivoquen estruendosamente. Es posible que el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano haya obtenido más votos que Manuel J. Clouthier del Rincón, pero los eventos subsecuentes demostraron que quien ganó las elecciones fue el panista: don Carlos Salinas de Gortari —quien fue proclamado presidente— implementó un programa ajustado a la propuesta que enarboló “El Maquío” y consiguió una gran popularidad que años después se transformaría dramáticamente.

Ha salido a la luz un libro de Tatiana Clouthier. Con una prosa llana y sincera, la hija del gran político sinaloense nos ofrece un recorrido por los pasajes más significativos de la vida de su padre, incluido el estremecedor suicidio de Cid, uno de los hijos de Manuel Clouthier y Leticia Carrillo.

Javier Acevedo, que todo lo sabía, me lo dijo después de aquella memorable conversación. “Estás vacilando”, le di por respuesta. “No seas terco, sé lo que te digo, un hijito suyo se suicidó después de un regaño, por eso este hombre siente la necesidad de entregarse a una causa tan riesgosa”.

Tatiana, siendo legisladora por el PAN, renunció públicamente a la militancia y criticó con rudeza a su partido. Su postura no es insólita: los hijos de los próceres que intervienen en política suelen reclamar la herencia de sus ancestros y enfrentarse a las instituciones a las que pertenecieron sus padres. Cárdenas Solórzano es un ejemplo palmario.

Recientemente quedó la sensación de que en torno a la entrañable figura de don Víctor Correa Rachó sucedió algo similar. Los líderes panistas yucatecos no asistieron al acostumbrado acto en el panteón y algunos le han reprochado a Luis Correa Mena, quien ha roto y ha vuelto al seno de su partido, un protagonismo en detrimento de la institución.

Es revelador que a los hijos de Clouthier y Correa Rachó se les reproche obrar justamente en un sentido distinto al que procedieron sus padres. “El Maquío” y don Víctor remontaron la postura doctrinaria del PAN, que planteaba la “brega de eternidades”, con un noción precisa de la fortaleza del instituto político y se aventuraron a ser real lo que parecía imposible, por eso lograron una obra perdurable.

Es poco controvertible: es mucho el mal que se puede hacer y muy poco el bien al que se puede aspirar en trances como éstos.

Es curioso, la victoria tiene algunas similitudes con la derrota. Una y otra fomentan la división y el surgimiento de grupos antagónicos. Empero, hay una diferencia: las divisiones en la derrota son perniciosas y en consecuencia mucho más lamentables.

Finalmente apenas sí hay que decirlo: la herencia de estos luchadores es de todos los que nos beneficiamos de ella, incluidos los adversarios.

Pie de página: El arte de la política exige, para poder subsistir, el talento para transfigurar las derrotas en victorias.— Mérida, Yucatán.

gnavarretem@msn.com ————— *) Cronista de Mérida