julio 06, 2008

1988: parteaguas en la política nacional

Noroeste
Julio 6, 2008

Las campañas y elecciones Presidenciales del 6 de julio de ese año sacuden las estructuras del viejo régimen de Gobierno priista que intensificó su deterioro, culminando con la derrota del 2 de julio de 2000, con la alternancia del PAN en el poder

Durante la elección presidencial del 1988, Maquío Clouthier, Cuauhtémoc Cárdenas y Heberto Castillo protagonizan el inicio de la debacle del régimen priista que en ese proceso electoral logra obtener la Presidencia con Carlos Salinas de Gortari


México ya no volvió a ser el mismo desde el amanecer de aquel 6 de julio de 1988.

Otro era el país. Densos, los aires que respiraban los mexicanos a fines de la década de los 80. Las palabras "fraude", "antidemocracia", "dedazo", "presidencialismo", eran parte del léxico diario, común.

Tiempos en los que la división de poderes, de la Presidencia acotada, de la pluralidad en los medios, aún se veían lejanos, pero ya formaban parte de los sueños de una nación.

Veinte años se cumplen hoy del cisma político que sacudió las estructuras del viejo régimen presidencial priista, que a partir de ese 6 de julio intensificó su deterioro, culminando con la derrota del 2 de julio de 2000, con la alternancia del PAN en el poder presidencial.

Pero más allá de aquella "caída del sistema", expresión con la que el colectivo social identifica la fecha y el presunto fraude del PRI para robarse la Presidencia, el 88 constituye un parteaguas en la política nacional.

Y un referente obligado para comprender los avances democráticos del México moderno, y también sus retrocesos, fallas y contradicciones.

El 6 de julio de 1988, concluyó el politólogo Alberto Aziz Nassif en su libro La Sucesión Presidencial en México, 1928-1988, sintetizó la expresión más acabada, hasta entonces, de lo que podría ser el futuro de la política y de la democracia mexicanas.

Cisma y despertar

El movimiento estudiantil de 1968 y el sismo de 1985 marcaron episodios clave en la concientización y movilización del pueblo mexicano, y a la postre, del proceso de cambios políticos y sociales en el país.

Pese al corporativismo priista, representado entonces en poderosas organizaciones campesinas y obreras como la CNC, CNOP y CTM, el férreo control sobre los medios de difusión, particularmente electrónicos, y una ley electoral diseñada para perpetuar al PRI en el poder, el sistema político empezó a fragmentarse en 1988.

El México monocolor acumulaba el rechazo de millones de mexicanos, que aún en los años 70 gozaban de mayor estatabilidad económica.

Inflaciones récord de hasta el 159 por ciento, crecimientos económicos menores al 4 por ciento, la devaluación del peso, el desplome del salario y elevados niveles de desempleo, devastaron a la "generación de la crisis".

A la grave situación económica se sumó la crisis política, con el inicio de las campañas presidenciales, y con la ruptura de la Corriente Democrática del PRI, encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, en octubre de 1987.

Ello como consecuencia de la antidemocracia, el "dedazo" y la imposición de Carlos Salinas de Gortari como candidato presidencial, por Miguel de la Madrid.

Nadie, ni el entonces Presidente, calcularon la fuerza que acumularía la candidatura de Cárdenas, como éste confesaría a Jorge G. Castañeda, en su libro La Herencia. La prensa, de tufo predominantemente oficialista, también minimizaba al cardenismo y el PRI lo creía como un político sin arrastre.

La oposición de izquierda y centro izquierda convergió en el Frente Democrático Nacional con el liderazgo de Cárdenas, en aras de la democratización del país, iniciada desde el movimiento estudiantil del 68 y la movilización ciudadana a raíz del sismo de 1985, y en repudio a la inacción de De la Madrid.

Y fue tal su fuerza que hasta Heberto Castillo, viejo luchador y líder moral de izquierda, renunció a su candidatura presidencial por el Partido Mexicano Socialista (PMS) para apoyar a Cárdenas, con el fin de lograr la transición a la democracia, el 7 de junio de 1988.

A cambio, el hijo de Lázaro Cárdenas se comprometía a apoyar un plan de 12 puntos, entre ellos eliminar el sistema presidencial y el corporativismo, sustentos principales de la antidemocracia.

En otro frente, por el PAN, irrumpía Manuel Clouthier del Rincón, "Maquío", candidato que rechazó el subsidio oficial a su campaña y descartó unirse al FDN. "Los principios y la doctrina de mi partido no se transan", argumentó quien dominó en el norte de la República, con una campaña ascendente.

Cárdenas y Maquío; protagonistas clave

El movimiento opositor ciudadano creció por todos los rincones de la República. Por primera vez en su historia desde su fundación en 1929, en la víspera del 6 de julio de 1988, el PRI auguraba el fin del "carro completo", y su candidato, Carlos Salinas, reconocía el fin de régimen de partido único.

Cárdenas y Maquío llenaban plazas y zócalos. Multitudinarios los mítines, largas las caravanas. En frentes paralelos, ambos combaten al sistema priista. En cada ciudad que visitan los priistas los reciben con desplegados en contra, acusándolos de "traidores", "vendepatrias".

Pero el despertar ciudadano y sus anhelos de cambio, depositados en las figuras de Cárdenas y Maquío, se topan con las murallas del partido de Estado: el control y organización de las elecciones por parte del Gobierno federal, a través de la Comisión Federal Electoral y el Tribunal de lo Contencioso Electoral.

A este factor se suman el aceitado corporativismo priista y la cerrazón de los medios, sometidos al poder presidencial. En ese México no había espacios para el debate público de las ideas.

Las sospechas de que se fraguaba un monumental fraude se acentuaron cuando el FDN descubrió boletas marcadas a favor del PRI, y se inyectaba el miedo social con los asesinatos de los coordinadores de campaña de Cárdenas, Francisco Xavier Ovando y Ramón Gil.

La Iglesia advertía riesgo de violencia y estallido sociales, de coacción y robo de votos, pero otro factor que pesó en contra de la creciente oposición es que carecían de organización y estructura para hacer frente a las irregularidades. Tampoco tenían peso en las estructuras de gobierno.

Y es que en 1988 sólo el 1.62 por ciento de la población era gobernada por la oposición a nivel municipal, según el libro El Poder Compartido, de Alonso Lujambio, ex consejero electoral y actual presidente del IFAI.

Era precisamente en el ámbito municipal donde las denuncias de fraudes eran una constante y se traducían desde tomas de carreteras y edificios públicos, hasta "quemas" de palacios municipales.

La desconfianza hacia las elecciones era mayúscula: según encuestas, 60 de cada 100 ciudadanos no creían en la limpieza de los comicios.

La caída del sistema y el inicio del pluralismo

La "caída del sistema" de cómputo la noche del 6 de julio de 1988, que paró el flujo de información que favorecía a Cárdenas, por órdenes de Manuel Bartlett, entonces Secretario de Gobernación y presidente de la Comisión Federal Electoral, dio sustento a la tesis opositora de un macrofraude electoral.

El PAN y Maquío por un lado, y Cárdenas y el FDN por otro, denunciaban los vicios priistas, abriendo la posibilidad de la violencia poselectoral, vía que ambos candidatos rechazaron optando por la movilización y las marchas en protesta por el fraude.

Clouthier convocaba a los panistas a la resistencia civil y a no aceptar un "Presidente espurio", mientras Cárdenas definía su lucha porque no se instaurara un gobierno y un "Presidente surgido del fraude".

El PRI se enfrentó a una crisis institucional. Cárdenas, Maquío y Rosario Ibarra de Piedra, candidata del desaparecido PRT, se unieron en un Llamado a la Legalidad, advirtiendo que de no restablecerse la legalidad del proceso, no aceptarían los resultados ni reconocerían a las autoridades provenientes de hechos fraudulentos, lo cual ocurrió.

Organismos no gubernamentales documentaron irregularidades en el 32.5 por ciento de la totalidad de casillas instaladas en el país.

El conflicto poselectoral se agudizó cuando el PRI se opuso a abrir los paquetes electorales, como lo exigía la oposición, y la Cámara de Diputados convertida en Colegio Electoral calificaba la elección, desechando las impugnaciones y declarando a Salinas Presidente, el 10 de septiembre de 1988.

Las movilizaciones de protesta continuaron hasta que Salinas tomó posesión. Cárdenas optó por la vía constitucional, anunciando la creación de lo que hoy es el PRD, y Maquío a su vez, con la conformación de un gabinete paralelo, para darle seguimiento a las acciones del salinismo.

Ninguno lo legitimó, aunque a los días de asumir la Presidencia los panistas se sentaron con Salinas para arrancarle la reforma electoral, que fundaría el IFE y ordenaba mayor apertura de los medios, y el compromiso por el respeto a los comicios locales en puerta, con lo cual Salinas reconocería el triunfo del PAN en gubernaturas, iniciando con Baja California, en 1989, al tiempo que éste daba la espalda a Cárdenas y al PRD.

Se inauguraba así otro México, el que vio nacer el fin del partido de Estado y el nacimiento del pluralismo político, en las cámaras de diputados y senadores.

Las cifras (oficiales)

En 1982 México seguía siendo monocolor: el 71.63 había votado por el PRI. En las presidenciales de 1988 el mapa cambió.

Votaron 19.2 millones de electores

Candidato Votos Porcentaje
Salinas 9.6 millones 50.36%
Cárdenas 5.9 millones 31.12%
Maquío 3.7 millones 17.07%
Otros El resto 1.45%

Abstencionismo 50 por ciento

Y el Legislativo también...

Diputados
PRI 260
PAN 101
FDN 139